Mi querida Victoria, si me achacas la virtud de abrirte el laberinto de tus recuerdos, yo te agradezco la que tienes de calentar mi pluma con tus ocurrencias y luego enfriarla con tus cautelas: aunque este constante coitus interruptus al que me sometes con la escritura, puede abocarme a un trauma que –no tengas duelo- en absoluto restará un ápice de mi entusiasmo por ella, pero me puede llevar a exigirte que copagues las facturas de mi psicólogo.
Tú amiga, que me quieres bien, con ese “yo me desmarco…” ... (ver texto completo)
Tú amiga, que me quieres bien, con ese “yo me desmarco…” ... (ver texto completo)