Ya veo, IU La Haba (nombre, o alias, que me tiene trastocado porque ya no sé si hablo con IU, contigo, con Juan Pedro Hidalgo o con una coalición política, pero en fin....), ya veo, decía, que no estabas al día en este Foro, igual que yo no estaba al día del acontecer político jabeño, pues hace mucho tiempo aquí alguien se acordó de "Cortecita", un buen hombre que resulta que fue tu abuelo. Trastoques aparte, que lo estoy, me quedo con eso de que aquí estamos pa entretené, así que pa que te entretengas felizmente, a continuación transcribo lo que de él se publicó en su día:
"En el núm. 1 de la calle Iglesias vivió Agustín Moreno “Cortecita”, uno de los jabeños más leídos que yo traté en mi adolescencia. Tanto a él como a su familia los disfruté como amigos –sobre todo a Pedro- porque reunían unas cualidades que a mí entonces, y ahora, me encandilaban: eran emprendedores, buena gente, todos leían diariamente, les gustaba la música y –sobre todo- eran muy educados. Y lo más importante: Agustín, que jamás levantaba el tono de voz para hablar, poseía de natural un fino humor y manejaba frases geniales para contestar a cualquiera.
Le recuerdo siempre con el periódico ABC abierto y su gato “Pachín” –amarillo rayado- sentado a sus pies. No era monárquico, entonces ese diario era el más liberal y –sobre todo- era el que más hojas tenía para emplearlas como envoltorio de los pescados y artículos que vendía en la pescadería-ultramarino con la que, tan honradamente- se ganaba la vida. Era seguidor del Real Madrid, de ahí el nombre de su famoso gato en honor del defensa merengue Enrique Pérez Díaz, un cántabro que ganó muchas ligas y dos copas de Europa en los nueve años (el último l968) que defendió la camiseta blanca.
Una de sus respuestas favoritas cuando se le preguntaba que cómo estaba, era contestar: “Ni envidioso ni envidiado”. O, cuando tocaba acostarse por la noche: “vamos a acostarnos que en la cama siempre hay cosas que hacer”. A su mujer Maximina, una mujer muy emprendedora y trabajadora, la recuerdo detrás del mostrador pesando el pescado (sobre todo sable y sardinas). De sus tres hijos tengo un maravilloso recuerdo (Vito, ya fallecido, era mayor que nosotros), pero Antoñita y Pedro están en mi alma porque eran, y son, dos personas que rebosaban sensibilidad por todas partes: yo, que soy un loco de la guitarra eléctrica, no puedo olvidar los ratos tan placenteros que echábamos tocando en el “doblao” de su casa, el mismo que varias veces salió ardiendo parcialmente cuando los cohetes y las tracas se encendían en las antiguas pasaderas del arroyo: justo donde tía María “Merienda” nos hacía aquellas irrepetibles roscas de “muñuelos”.
El otro día, en el puente de mayo, la nostalgia me gastó una broma pesada: al pasar por su casa oí el sonido de una guitarra eléctrica y me tuve que sacudir mis pelusas mentales hasta caer en la cuenta de que se trataba de otro inquilino y otra guitarra. ¡Qué vida esta!
Buenas noches a todos,"
No he quitado ni puesto ni una sola coma. Saludos,
"En el núm. 1 de la calle Iglesias vivió Agustín Moreno “Cortecita”, uno de los jabeños más leídos que yo traté en mi adolescencia. Tanto a él como a su familia los disfruté como amigos –sobre todo a Pedro- porque reunían unas cualidades que a mí entonces, y ahora, me encandilaban: eran emprendedores, buena gente, todos leían diariamente, les gustaba la música y –sobre todo- eran muy educados. Y lo más importante: Agustín, que jamás levantaba el tono de voz para hablar, poseía de natural un fino humor y manejaba frases geniales para contestar a cualquiera.
Le recuerdo siempre con el periódico ABC abierto y su gato “Pachín” –amarillo rayado- sentado a sus pies. No era monárquico, entonces ese diario era el más liberal y –sobre todo- era el que más hojas tenía para emplearlas como envoltorio de los pescados y artículos que vendía en la pescadería-ultramarino con la que, tan honradamente- se ganaba la vida. Era seguidor del Real Madrid, de ahí el nombre de su famoso gato en honor del defensa merengue Enrique Pérez Díaz, un cántabro que ganó muchas ligas y dos copas de Europa en los nueve años (el último l968) que defendió la camiseta blanca.
Una de sus respuestas favoritas cuando se le preguntaba que cómo estaba, era contestar: “Ni envidioso ni envidiado”. O, cuando tocaba acostarse por la noche: “vamos a acostarnos que en la cama siempre hay cosas que hacer”. A su mujer Maximina, una mujer muy emprendedora y trabajadora, la recuerdo detrás del mostrador pesando el pescado (sobre todo sable y sardinas). De sus tres hijos tengo un maravilloso recuerdo (Vito, ya fallecido, era mayor que nosotros), pero Antoñita y Pedro están en mi alma porque eran, y son, dos personas que rebosaban sensibilidad por todas partes: yo, que soy un loco de la guitarra eléctrica, no puedo olvidar los ratos tan placenteros que echábamos tocando en el “doblao” de su casa, el mismo que varias veces salió ardiendo parcialmente cuando los cohetes y las tracas se encendían en las antiguas pasaderas del arroyo: justo donde tía María “Merienda” nos hacía aquellas irrepetibles roscas de “muñuelos”.
El otro día, en el puente de mayo, la nostalgia me gastó una broma pesada: al pasar por su casa oí el sonido de una guitarra eléctrica y me tuve que sacudir mis pelusas mentales hasta caer en la cuenta de que se trataba de otro inquilino y otra guitarra. ¡Qué vida esta!
Buenas noches a todos,"
No he quitado ni puesto ni una sola coma. Saludos,