LA HABA: El pasado día de Navidad, para comer a mediodía, hice...

El pasado día de Navidad, para comer a mediodía, hice MIGAS y parece que salieron buenas. Éramos ocho: dos extremeños -como las migas-, dos aragoneses, dos madrileños, una castellana y una andaluza: conviene decirlo así porque rara vez gustan las migas a tan variopinta gente, y mi familia es así, un conjunto heterogéneo al que es difícil unificar en lo que a gustos culinarios se refiere. Y esta vez parece que di en el clavo, todos contentos. Más o menos, yo procedí así:

-La noche anterior, trituré un pan de un kilo ayudado de una picadora eléctrica (es poco ortodoxo, dado que habría que hacerlo rebanándolo con navaja, pero no pasa ná). Lo eché en una fuente amplia, y lo regué con un vaso de agua que llevaba disuelto un ajo triturado y una cucharadita, o dos, de sal. El agua, para que se reparta uniformemente, conviene verterla sobre el pan con un colador que moveremos circularmente: creando una pequeña lluvia sobre la superficie del pan picado. Aluego, se tapa la fuente con un paño, pa que el pan duerma toda la noche respirando esa agua que sabe a ajo.

-Una hora antes de comer, porque ese es el tiempo que se tarda en hacer este plato, me puse un vinito de pitarra pa que me salieran los colores en los carrillos y cocinar alegre, joé. Y vertí aceite, un vaso de los de agua, en un amplio perol que compré en Don Benito, porque los “calabazones” el jierro y las navajas lo trabajan mu bien. Eché los dientes de ajo que tienen dos cabezas, unos veinte, con una hendidura de navaja en cá uno dellos, y cuando se pusieron tostaos los retiré. Luego freí medio kilo de pimientos verdes, algún colorao (pa que haga contraste de colores y disfrute la vista, na más), me eché otro vasito de pitarra y, retirando los pimientos –ya blandos- empecé a freír unos doscientos gramos de tocino hecho torreznillos –que tiene que tené veta, coño, que pa eso estamos en Navidad- y lo miramos cómo se fríe hasta que se ponga amarillito, del coló de la tierra, asina, como semos los extremeños de pardos. Y tó esto se junta en una fuente aparte.

(Joé, se me había olvidao que también hay que freir medio chorizo hecho rodajas que da mu buen gusto y un coló mu bonito a las migas).

-Ya con el aceite solo en la sartén, con el fuego al mínimo, pero mu al mínimo (aprovecho pa saludá a don Mariano), en un vaso lleno de agua hasta la mitá (por ser un poco optimista), se añade una cucharadita –de las de café- de pimentón dulce y media cucharadita del picante, ambos de la Vera, XD, que es el mejor del mundo: se agita tó, y con todo el cuidado del mundo se vuelca esa agua rojiza sobre el aceite tibio de la sartén: mucho cuidao con la operación, porque esa mezcla pega un fogonazo que te puede quemá los jocicos. Bien, con las manos –pero, insisto, con mucho cuidao- se va vertiendo el pan triturao sobre el líquido de la sartén: y se le empieza a dar vueltas con una paleta de hierro si puesé, y vueltas y vueltas, para que se impregne de la mezcla bermeja y grasa que resulta del aceite, el agua, el pimentón (da perfectamente tiempo a darse un traguito de vez en cuando, coño, que es comida de pobres pero no de tíos simplones; por cierto, un par de pellizcos de sal hay que echar antes de volcar el pan).

-Vueltas y más vueltas a ese pan ya con color rojizo, más vueltas, con salero, joé; y conviene también, aparte de removerlas constantemente, picar con la paleta verticalmente (como picando el pan). Y ya, cuando esté doradito, se le añade la mitad de los ajos fritos, la mitad del chorizo, la mitad de los pimientos y la mitad de los torreznos, y se revuelve todo con muuuuuuuucho cariño. La otra mitad del “condío” se sirve en plato aparte, que en toa las familias hay algún raro que lo quiere así, que hay gente pató y dando mucho por culo.

-Las migas es bueno que reposen cinco minutos, aplastás un poco por la paleta, en la propia sartén, donde deben comerse: “Cuchará y paso a tras”, que dicen los pastores extremeños.

Unos las acompañan de uvas, otros de mandarinas, pero pa mí que unas sardinas asás son un verdadero manjar como acompañamiento. Y el vino pitarra, XD, el vino es indispensable pa este plato, y pa tós: “donde no hay vino, no hay talento”, y con migas –como es el caso- agudiza mucho el ingenio, da verbosidad de palabra, erotiza y -mu al final- induce al sueño, o sea, se roza el cielo aquí en la tierra.

(Si sobran migas, que estamos en crisis, al día siguiente se pueden mezclar con café o leche calientes: son “LAS MIGAS CANAS”, así se llaman en La Haba).