Relativo al tema de los motes jabeños, que han resultado en total 556 (siete menos de los que anuncié), concluyo en lo siguiente:
-Que, en efecto, como en seguida anticipó nuestra amiga Victoria, no están todos ni mucho menos. Pero esto tiene tan fácil arreglo como editar los que yo he enunciado y añadir los que se hayan omitido, volviendo a reeditarlos en el Foro: os animo a hacerlo.
-Que son muchísimos motes, que es lo mismo que decir mucha historia pendiente de relatar y escribir: cosa esta muy importante, diría que imprescindible, para enriquecer y aumentar el acervo cultural jabeño.
-Que el trabajo de trasladarlo al Foro, aparte de no tener importancia, me ha resultado fácil y gratísimo, pero sólo es una primera parte de lo que puede hacerse con este material.
-Que la segunda parte consistiría en anteponer, también por escrito, el nombre propio a cada apodo, por ejemplo:
1) Joaquín Gallardo “Cagatinta”
2) Jacinto Osorio “Juye”
3)-------- Quintana “Yayá” (que, por cierto, se me ha pasado)
4) Antonio F……. “el Ruso” (otro que se me ha venido a la memoria).
Etc., etc., etc.
-Y que el trabajo más importante está por hacer: completar con un relato sucinto las circunstancias, el momento, en definitiva, contar la historia que sustenta al mote del que se trate; más o menos así:
(1) -En el curso de 1957-58, en una clase que impartía don Santiago, Joaquín Gallardo, hijo de Juan “el Cartero” y de la Pepa “Trabilla”, sobrino de don Fernando “el Cura”, estaba sentado en el mismo pupitre que Ramón. Ambos se enzarzaron en una discusión de críos y éste último, muy enfadado, arrojó a la cara de su compañero el contenido del tintero que compartían: Joaquín quedó impregnado de tinta en toda su cara, incluso en ojos y, sobre todo, en la boca por la que tragó un poquito de aquel líquido, azul por supuesto. Al rato, después de asearse y con el descaraje del chiquillerío, Joaquín tuvo un retortijón y solicitó permiso al maestro para ir al retrete. Al limpiarse el culo, con un trozo de papel de estraza, observó alarmado que cagaba de color azul por supuesto; y volviendo al aula –un tanto desencajado- le dijo lloriqueando al profesor: “ ¡Ay, Ay, don Santiago…, que he cagado tintaaaaa…!”, para regocijo y cachondeo de toda la clase. Y SE QUEDÓ PARA SIEMPRE CON EL MOTE DE “CAGATINTA”.
En fin, esto último, es el trabajo tan arduo (y difícil, sólo por extenso) que yo le anunciaba a “Cartonero” (por cierto, haz el favor de pasarte por aquí, hombre, que estamos necesitados) y, le contaba también, que muy parcialmente tengo hecho y que daría para varios libros: sería como contar la historia entrañable de los jabeños que merecieron un mote, o, lo que es lo mismo, contar la historia de La Jaba.
Y dicho lo cual, de momento, yo he terminado con esto de los nombres no propios con que a los jabeños se les tilda.
Mu buenas noches a toas las jabeñas y a tós los jabeños,
-Que, en efecto, como en seguida anticipó nuestra amiga Victoria, no están todos ni mucho menos. Pero esto tiene tan fácil arreglo como editar los que yo he enunciado y añadir los que se hayan omitido, volviendo a reeditarlos en el Foro: os animo a hacerlo.
-Que son muchísimos motes, que es lo mismo que decir mucha historia pendiente de relatar y escribir: cosa esta muy importante, diría que imprescindible, para enriquecer y aumentar el acervo cultural jabeño.
-Que el trabajo de trasladarlo al Foro, aparte de no tener importancia, me ha resultado fácil y gratísimo, pero sólo es una primera parte de lo que puede hacerse con este material.
-Que la segunda parte consistiría en anteponer, también por escrito, el nombre propio a cada apodo, por ejemplo:
1) Joaquín Gallardo “Cagatinta”
2) Jacinto Osorio “Juye”
3)-------- Quintana “Yayá” (que, por cierto, se me ha pasado)
4) Antonio F……. “el Ruso” (otro que se me ha venido a la memoria).
Etc., etc., etc.
-Y que el trabajo más importante está por hacer: completar con un relato sucinto las circunstancias, el momento, en definitiva, contar la historia que sustenta al mote del que se trate; más o menos así:
(1) -En el curso de 1957-58, en una clase que impartía don Santiago, Joaquín Gallardo, hijo de Juan “el Cartero” y de la Pepa “Trabilla”, sobrino de don Fernando “el Cura”, estaba sentado en el mismo pupitre que Ramón. Ambos se enzarzaron en una discusión de críos y éste último, muy enfadado, arrojó a la cara de su compañero el contenido del tintero que compartían: Joaquín quedó impregnado de tinta en toda su cara, incluso en ojos y, sobre todo, en la boca por la que tragó un poquito de aquel líquido, azul por supuesto. Al rato, después de asearse y con el descaraje del chiquillerío, Joaquín tuvo un retortijón y solicitó permiso al maestro para ir al retrete. Al limpiarse el culo, con un trozo de papel de estraza, observó alarmado que cagaba de color azul por supuesto; y volviendo al aula –un tanto desencajado- le dijo lloriqueando al profesor: “ ¡Ay, Ay, don Santiago…, que he cagado tintaaaaa…!”, para regocijo y cachondeo de toda la clase. Y SE QUEDÓ PARA SIEMPRE CON EL MOTE DE “CAGATINTA”.
En fin, esto último, es el trabajo tan arduo (y difícil, sólo por extenso) que yo le anunciaba a “Cartonero” (por cierto, haz el favor de pasarte por aquí, hombre, que estamos necesitados) y, le contaba también, que muy parcialmente tengo hecho y que daría para varios libros: sería como contar la historia entrañable de los jabeños que merecieron un mote, o, lo que es lo mismo, contar la historia de La Jaba.
Y dicho lo cual, de momento, yo he terminado con esto de los nombres no propios con que a los jabeños se les tilda.
Mu buenas noches a toas las jabeñas y a tós los jabeños,