LA HABA: En el verano de 1989, un 21 de agosto, en la Serena...

En el verano de 1989, un 21 de agosto, en la Serena hacía mucha caló. Mi amigo Alonso, con el que comparto mi locura por la dehesa extremeña, me invitó a conocer un bello potro que estaba desbravando para luego adiestrarlo en la maña de la equitación; aluego, a la hora del ángelus, en un barcito cuyo nombre no quiero recordar, nos despacharon unos pares de chatos de pitarra con unas patatas salpicadas de mahonesa que degustamos charlando sobre la elegancia en el andar de los caballos, su nobleza y su extraordinaria disposición al aprendizaje. Después nos fuimos a casa, yo comí y me eché la siesta y, sudando como un pollo, me desperté sobresaltado –me dijeron- entonando el famoso himno de Infantería con aquello de “ARDOR GUERRERO VIBRA EN NUESTRAS VOCES/ Y DE AMOR PATRIO HENCHIDO EL CORAZÓN…..”. Deliraba,

Como tengo tanto hermano, solidarios ellos, raudos y veloces rodearon mi cama con la lógica preocupación al ver cómo su hermano mayor, inopinadamente, canturreaba sin ton ni son una canción que le retrotraía –según dijo uno de ellos- a la jura de bandera del año 1973, que manda narices, cuando yo ejercía de sorche en Ovejo Viejo. “El mayor se ha vuelto loco”, decía el más chico; “está borracho, dijo otro; “yo creo que tiene una pesadilla, dijo un tercero”: y en esto que mi hermana mayor, retirándome el termómetro del sobaco y zanjando las dudas dijo alarmada: “PERO…, ¡POR LOS CLAVOS DE CRISTO Y NUESTRA SRA. DE LA ANTIGUA, SEÑOR, PERO SI ES QUE TIENE CUARENTA Y UNO DE CALENTURA….!”

Un hermano mío, que ya era mu internacional, tiró de un celular (un peazo de móvil como un ladrillo hueco doble) y llamó a la Residencia Don Benito-Villanueva: datos y más datos, y qué le pasa, y desde cuando, y número de cartilla, y “ ¿cuántas veces ha ido al servicio en la última hora?”, y él, “ ¡veintitantas, coño, y vengan ustedes ya que tiene el conocimiento medio perdío, joé, tanta pregunta de los coones! A la UVI, directamente al box número DOS, sin dudas, 41º C, suero, pinchazos, pastillas, cuña, “que le pongan una cuña que se caga constantemente”, todo así, yo con niebla y telarañas en la mente pero consciente, “hay que bajá esa fiebre, como sea”, y las heces pa Barcelona en el avión Fokker de Talavera de esta tarde sin falta pa que las analicen: “ya verás como es salmonelosis”, le decía un galeno a otro. A mí tó me resonaba lejanísimo, “cucha como coge gamusinos en el aire, el jodío jabeño”, añadía uno de los médicos pa subrayá mis delirios. Y así toda la noche, y dos días más, pero en la tercera noche –perfectamente consciente- ya había remitido la fiebre, y la cagueta –aunque líquida aún- iba perdiendo frecuencia. No había duda: “Ya te dije, salmonelosis, pero este tío está más sano que un pero nano, porque fíjate qué recuperación ha tenío”, escuchaba yo, ya con toda nitidez. A tó esto, en la UVI, en mi box, yo salivaba envidioso al percibir el olor a tabaco rubio que consumía el médico de turno: “Doctor, doctor, por favor….!”, y tuve los santos güevos de decirle que me dejara salir con el suero puesto pa fumarme un malboro “que, por favor, deme uno de los suyos” y me lo fumé con él en el cuchitril que tenía por despacho. (Qué tiempos más gloriosos aquellos en los que se podía fumar al lado de un médico en la UVI). Era la tercera noche, cuando pasó lo que pasó.

Era ya de madrugada, adormilao, siento a “un médico” que en vez de cogerme el pulso me coge con sus dos manos una de las mías, pa decíme: “En esta vida, hijo, todo se acaba”: Bueno y qué, le dije yo, “ ¿de dónde eres?”, yo de aquí al lao, y él que de Trujillo, vale, ¿y qué es lo que me quiere decí?, que no le entiendo. Y en esto que, con sigilo, me retira sus manos, que estaban mu trémulas, se desabrocha un botón de su blanca bata y yo comienzo a asustarme, “este tío se saca ahora una pistola del sobaco y me pega un tiro, ¿estoy soñando, tengo fiebre?”, pensé pa mis adentros. No estaba yo mu desacertao: pues veo que se extrae de un bolsillo secreto un pequeño recipiente y, destapándolo, introduce primero su dedo pulgar derecho para luego intentar hacerme una cruz ungiéndome con un ungüento en una de mis manos: ¡CAGOENLAPUTA, ME CAGO EN….., COONES, QUELQUE SE ESTÁ MURIENDO ES AQUEL DENFRENTE, COÑO, MIRE USTÉ AQUEL DEL BOX DOS BIS, YO SOY EL DOS! Y el cura, que no médico, como si fuera un puro trámite se desentiende de mí, casi con descortesía, y le administra en un santiamén la extremaunción al que se estaba muriendo de verdad. ¡COÑO, QUE YO ESTABA TAN VIVO COMO HOY! No te joe, los errores de la UVI.

Buenas noches a toas las jabeñas, (que siempre pongo jabeños).