LA HABA: Mis queridos enfermos, unos amigos y otros familiares...

Mis queridos enfermos, unos amigos y otros familiares y, no obstante, también amigos.

Unos sois jóvenes, otros mayores, a todos os fustiga la enfermedad: esa canallada que ha tenido que fabricar la Naturaleza para que nos demos cuenta de que los momentos buenos hay que vivirlos porque valen mucho la pena. A todos, quiero mandaros un mensaje de ánimo y esperanza, porque, en estos días que he dedicado a visitaros, os he visto a casi todos y me tranquiliza que rocéis ya la curación o el restablecimiento. A ti, Catalán, no te he visto porque no doy abasto en el tiempo, pero la próxima vez –te lo prometo- no te escapas de verme: sé que vas bien, y te digo que irás mejor, y no te lo digo por simple retórica, sino porque sé lo que es que te miren a los ojos para darte una mala noticia, lo he vivido en mis carnes y te lo estoy contando. Y mientras yo te lo cuente y tú me lo escuches es la mejor prueba de que caminamos bien: un fuerte beso.

Tengo un familiar en la UVI, pero es y está tan serena, que estoy segurísimo que cuando lea esto lo hará desde su casa. Sé de su impotencia para solucionar un par de problemas que le afligen, pero para compensar estos despropósitos que acarrean los políticos en la sanidad y el curso de la vida en lo más doméstico, le pido que se fije en lo bueno que la rodea, en lo que la quieren y aprecian sus amigos, la familia y hasta este Foro: ¡no pasa nada!, y todo pasa, sin ser las dos cosas contradictorias.

Tengo otro familiar en otra UVI, esa que tienen muchas familias en su propia casa; no hay médicos, cables ni sensores, ni máquinas que monitoricen las frágiles constantes vitales que los viejecitos tienen: se suplen con la Unidad en la familia, la Vigilancia constante por parte de quien le toque, y la Intensidad que hay que echarle las veinticuatro horas del día para que sufran lo menos posible. Entre todos lo sobrellevaremos.

La semana que viene, y esto no es otra cosa que la vida, toca viaje y fiesta: de estos contrastes vienen las reflexiones, hay que sufrir lo justo y -ya sabéis- nunca adelantarnos a los posibles infortunios. Haced caso a la inteligencia de Julio César: “Tranquilos, cuando lleguemos a aquel puente hablaremos de aquel río”, pero no antes.

Mucho cuidado con la carretera, pero que mucho cuidado.