LA HABA: No es la primera vez que mi amigo la observa inquieta,...

No es la primera vez que mi amigo la observa inquieta, muy nerviosa y, a veces, hasta jadeante. La perra, una Mastín, es muy selectiva a la hora de elegir macho pues sólo le apetece “alegarse” con un mastín ya muy entrado en años que, luego de cubrirla en tres ocasiones, no ha logrado dejarla preñada. Pero ella, es tal su instinto maternal, no se resigna a no poder procrear y su organismo la ha concedido un pseudoembarazo que la ha hecho comportarse como una futura madre.

El abultamiento se sus mamas, el volumen de su vientre, su mucosidad vaginal, y hasta los caprichos en su comportamiento, han llevado a mi amigo casi a la convicción de que estaba embarazada. Pero transcurrido ya más de tres meses desde la ovulación, y después de toquetearla todo el cuerpo, concluye en que, definitivamente, su estado es de una preñez histérica que sólo se debe a un desarreglo hormonal que, de repetirse, puede producirle alguna mamitis o algún enquistamiento nocivo para su salud.

Pero la casualidad ha querido que otra perra, domiciliada en la misma casa de campo, haya parido seis cachorrillos preciosos. La Mastín, que se había provisto de un peluche para desahogar su instinto maternal, lo ha cambiado –de la mano de mi amigo- por uno de los perrillos de su vecina al que ha colmado de la apetitosa leche que antes desperdiciaba; y tal era su torrente alimenticio que su dueño ha creído conveniente darle en adopción otros dos cachorrillos más que, no hay más que verlos, se alimentan a placer en los grifos de vida que son las tetas de su madre adoptiva. Y el espectáculo no puede ser más enternecedor: la perra, que nos mira entre desconfiada y orgullosa, está arqueada sobre su cómodo suelo de paja dejándose vaciar por el insaciable mamar de los perrillos que, comparados con sus otros tres hermanitos, se diría que están incluso más lozanos.

No sé qué manos, qué misteriosas fuerzas, desatan estos caóticos comportamientos en las almas de los animales, incluidos los humanos, pero de ellos se extraen –cuando menos- dos enseñanzas: una, todo lo que no es inerte, lo que vive, tiene un componente espiritual (porque, ¿qué es si no el instinto maternal?); y otra, quien procura la vida y ayuda a seres indefensos, nunca puede merecer maltrato: sea perra o sea mujer, salvando las distancias.

¡Cuántas sensaciones nos niega la Naturaleza al género masculino!

Chao,