LA HABA: En 1921 llegó a Don Benito un maestro granadino con...

En 1921 llegó a Don Benito un maestro granadino con el mandato de fundar las escuelas del Ave María, se llamaba José Fernández. Cuando echó a rodar aquel proyecto, después de la muerte en l923 del que fue su mentor, el catedrático burgalés Manjón, don José -perteneciendo ya a Instrucción Pública- a finales de los años veinte aparece como maestro en La Haba. Junto con otro colega, probablemente del lugar, don Ángel, iba a formar un núcleo docente digno de admiración y entrañable recuerdo.

Los alumnos jabeños, niños nacidos alrededor de 1920, no les iban a defraudar. Voy a citar un ramillete de ellos que aprovecharon de tal suerte la generosidad, la bondad, la inteligencia y la entrega de aquellos dos maestros, que destacaron desde su adolescencia hasta la propia Transición -que se dice pronto- respecto a todos los demás jabeños:

Antonio “Fanega”
José Juez “Breva”
Mariano Moreno “Marianillo”
Manuel Lorenzo “Tablero”

Ruego me perdone el resto, el grupo era más amplio pero no los traté y por ello no me atrevo a nombrarlos. Pero lo que sí sé, sin ningún género de dudas, es que estos cuatro niños, con los que no nombro y que alguien puede añadir (en el periodo de l928 a l934) adquirieron unos conocimientos excepcionales para el momento, sorprendentes para su edad y valiosísimos para su posterior actitud y aptitud ante la vida: sumar, restar, multiplicar, dividir, fracciones, raíz cuadrada, raíz cúbica, reglas de tres simple, regla de compañía, cálculo de superficies y volúmenes, etc., lo dominaban mejor que yo. Y en lo que a humanidades se refiere, cuando el 90% de los jabeños firmaban con el dedo, estos cuatro escribían con tanta corrección que rara vez se le escapaba una tilde para una esdrújula, cosa que puede ser el descaraje para un crío de hoy pero que a mí me emociona todavía. Era tal la comunión que tenían con sus adorados maestros, que había que echarlos a la fuerza de la escuela. Recitaban los adjetivos, preposiciones, conjunciones, pronombres, y cantaban las conjugaciones verbales o la geografía española con el mismo desparpajo que hoy se rapea (¿) en algunas calles de Madrid.

Aprendieron cosas tan prácticas, que pudieron ejercitar en el propio pueblo, como medir la superficie de fincas en fanegas y varas, o calcular el peso de una vaca utilizando –exclusivamente- un papel de estraza y un simple lápiz. Uno de ellos, al que más conocí, me decía con insistencia que el número uno por inteligencia era, con diferencia, “Breva”, recientemente fallecido como todo el Foro sabe. Pero lo más importante que les transmitieron sus maestros don Ángel y don José, fue su actitud para con sus semejantes, eso que entonces se llamaba urbanismo y hoy buena educación: sabían estar, agradar, respetar, esforzarse, sufrir y, lo más importante, ser ellos mismos.

Gloria pedimos para Mariano y José; y para sus amados maestros don Ángel y don José (este en 1934 se trasladó a Mérida, tenía 34 años, fundó la primera escuela de maestría industrial de Extremadura, y murió feliz –con alma de maestro antiguo- con más de cien años). Antonio “Fanega” sigue viviendo con una claridad de ideas que te deja KO, un abrazo para él. Manuel Lorenzo ha llegado muy lejos, su apasionante biografía merece un libro, pero este humilde Foro le va a dedicar las intervenciones de los dos próximos días.

Buenas noches a todos (Qué euforia tiene mi mujer, 1-4, me dice sonriente)