No con las personas, pero con las palabras -y con el lenguaje- soy un tanto venático. Ya dije en el Foro, cuando alguien de letras me regaló la palabra “bálago”, dije entonces que yo coleccionaba palabras nuevas: que no son nuevas, ya lo sé, pero para uno que tantas desconoce son hallazgos.
Pues sí, soy un venático: zancajo, pinrel, ombligo, dictadura son palabras que se me antojan feorras, no sé…horribles. Así como otras me parecen - por su grafía, por su acento, su música-, me parecen hermosas; como estas: cántaro, búcaro, amanecer, tinaja, libertad, ……bellísimas. Es cuestión de gustos.
En las frutas casi todas las palabras son bellas: durazno, naranja, cereza, (verbalizándolas saben a gloria), manzana, azofaifa, sandía. Qué decir de los árboles: encina, sauce, limonero.
Los nombres propios en español, que a los escuchantes extranjeros les vuelve locos su sonoridad, a mí me entusiasma pronunciarlos: Antonio, Manuel, Carmela, Dolores.
(Con ese dinero que tengo en Suiza, Victoria, voy a subvencionar con 100 euros a los matrimonios que pongan a sus niños Manolo o Pepe, manda cojones que no hay ya nenes que se llamen así, yo creo que estamos un poco de esa manera).
Aun a riesgo de que me tomen por loco, la verdad que lo estoy por el lenguaje, me apetecía mucho escribir lo que he escrito. Y terminar diciendo que alguien, seguramente loco también, lanzó una llamada al personal, español presupuesto, para dirimir qué palabra en castellano nos parecía la más hermosa, y la más nominada fue LIBÉLULA. La verdad, es bellísima.
Hasta luego,
Pues sí, soy un venático: zancajo, pinrel, ombligo, dictadura son palabras que se me antojan feorras, no sé…horribles. Así como otras me parecen - por su grafía, por su acento, su música-, me parecen hermosas; como estas: cántaro, búcaro, amanecer, tinaja, libertad, ……bellísimas. Es cuestión de gustos.
En las frutas casi todas las palabras son bellas: durazno, naranja, cereza, (verbalizándolas saben a gloria), manzana, azofaifa, sandía. Qué decir de los árboles: encina, sauce, limonero.
Los nombres propios en español, que a los escuchantes extranjeros les vuelve locos su sonoridad, a mí me entusiasma pronunciarlos: Antonio, Manuel, Carmela, Dolores.
(Con ese dinero que tengo en Suiza, Victoria, voy a subvencionar con 100 euros a los matrimonios que pongan a sus niños Manolo o Pepe, manda cojones que no hay ya nenes que se llamen así, yo creo que estamos un poco de esa manera).
Aun a riesgo de que me tomen por loco, la verdad que lo estoy por el lenguaje, me apetecía mucho escribir lo que he escrito. Y terminar diciendo que alguien, seguramente loco también, lanzó una llamada al personal, español presupuesto, para dirimir qué palabra en castellano nos parecía la más hermosa, y la más nominada fue LIBÉLULA. La verdad, es bellísima.
Hasta luego,