Por cortesía, responderé primero a Caballero Andaluz. Y debo decirle que empieza con coherencia: como caballero educado me echa unos piropos; y, como buen andaluz, exagera un pelín (broma primera). Muchas gracias por lanzarte al foro, no te arrepentirás. Me parece una idea estupenda recordar a personajes que por unas razones "u" otras dejaron huella en nuestro pueblo. Y con el añadido de "con respeto" nadie se ofenderá, y si hay malos entendidos pues se deshacen.
Yole, estás cumbre, por supuesto que sí, claro que sí: LEYENTES, una hermosa palabra. En cuanto a los negros, está entendido perfectamente, tampoco debemos cogérnosla con papel de fumar, mira: "qué negro lo veo", "dinero negro", "trabajo como un negro", "lo tienes muy negro", " ¡Ven, so negro malo de Guinea!", "qué cielo más negro", "más negro que los cojones de un grillo", etc. etc. Todo lo negro, coloquialmente, siempre se entiende como peyorativo pero son licencias del lenguaje que no deben leerse sino como dichos populares. Muy bien expuesto, Yole, la superposición de personalidades: ni siquiera con buena intención se puede suplantar a nadie, no digamos si se trata de dañar. Yo tengo un gran amigo que, por cuenta de otro, escribía cartas a la novia de este; y un día (por razones que no vienen a cuento) el que no sabía escribir le dijo al escribiente: "Dile a mi novia, que cuando vaya al pueblo la voy a dar una torta así de grande" (realmente dijo hostia); pero " ¿cómo de grande?, le preguntó mi amigo", y el dictador puso la mano encima de la carta, la contorneó con el bolígrafo y añadió:"Como esta de grande". Cada cual debe escribir como sabe y como siente, es personal e intrasferible; uno puede pedir prestada la chaqueta, y la pluma, pero no los sentimientos.
El Rey reina, UNOMAS, formaba parte del trío clásico de los consabidos: Gaspar,"Melchora" y Baltasar (negro, y siempre el último citado), manda carallo. Sí, ya estaban ayer en Madrid, ya sabes las cosas han cambiado mucho: antes los reyes venián de oriente: ahora, los nuestros, van allí para orientarse un poco.
Anoche, que perdí el último Ave hacia BCN, por lo que tuve la gran suerte de pernoctar en Madrid, me di un paseo para medir a pasos cuánta longitud había desde la primera hasta la última tribuna montada para que los niños madrileños disfruten de los Magos: fueron treinta minutos los que tardé caminando desde la Pza. de Colón a la Pza. de Gregorio Marañón, o sea, tres kilómetros de andamiaje, butacas, y parafernalia variada: mucho Oriente para desorientar, Sra. Botella.
Hablemos de la Bruna, me comprometo para mañana.
Buenas noches a todos, y, especialmente, a nuestro caballero andaluz.
Yole, estás cumbre, por supuesto que sí, claro que sí: LEYENTES, una hermosa palabra. En cuanto a los negros, está entendido perfectamente, tampoco debemos cogérnosla con papel de fumar, mira: "qué negro lo veo", "dinero negro", "trabajo como un negro", "lo tienes muy negro", " ¡Ven, so negro malo de Guinea!", "qué cielo más negro", "más negro que los cojones de un grillo", etc. etc. Todo lo negro, coloquialmente, siempre se entiende como peyorativo pero son licencias del lenguaje que no deben leerse sino como dichos populares. Muy bien expuesto, Yole, la superposición de personalidades: ni siquiera con buena intención se puede suplantar a nadie, no digamos si se trata de dañar. Yo tengo un gran amigo que, por cuenta de otro, escribía cartas a la novia de este; y un día (por razones que no vienen a cuento) el que no sabía escribir le dijo al escribiente: "Dile a mi novia, que cuando vaya al pueblo la voy a dar una torta así de grande" (realmente dijo hostia); pero " ¿cómo de grande?, le preguntó mi amigo", y el dictador puso la mano encima de la carta, la contorneó con el bolígrafo y añadió:"Como esta de grande". Cada cual debe escribir como sabe y como siente, es personal e intrasferible; uno puede pedir prestada la chaqueta, y la pluma, pero no los sentimientos.
El Rey reina, UNOMAS, formaba parte del trío clásico de los consabidos: Gaspar,"Melchora" y Baltasar (negro, y siempre el último citado), manda carallo. Sí, ya estaban ayer en Madrid, ya sabes las cosas han cambiado mucho: antes los reyes venián de oriente: ahora, los nuestros, van allí para orientarse un poco.
Anoche, que perdí el último Ave hacia BCN, por lo que tuve la gran suerte de pernoctar en Madrid, me di un paseo para medir a pasos cuánta longitud había desde la primera hasta la última tribuna montada para que los niños madrileños disfruten de los Magos: fueron treinta minutos los que tardé caminando desde la Pza. de Colón a la Pza. de Gregorio Marañón, o sea, tres kilómetros de andamiaje, butacas, y parafernalia variada: mucho Oriente para desorientar, Sra. Botella.
Hablemos de la Bruna, me comprometo para mañana.
Buenas noches a todos, y, especialmente, a nuestro caballero andaluz.