Yo tengo por hacer muchas cosas, y por conocer casi todo. Pero algunas de ellas, que ya las tengo en cartera, son tan fáciles de realizar que no tiene justificación demorarlas por más tiempo: la sierra de nuestro término municipal, mea culpa, para mí es una gran desconocida.
Cuántas veces la he mirado de pequeño como a un gran enemigo dormido en la lejanía y cuyo despertar tormentoso me sobrecogía. Al primer retumbo, las ancianas comenzaban sus rezos con el Trisagio invocando a la Santísima Trinidad: "Santo, Santo, Santo......."; y con el estridente relámpago, preludio inminente de otro trueno, sus plegarias se aceleraban y ascendían de tono hasta una especie de cántico susurrado que me helaba el alma de chiquillo: "Poned los pies en la tarima", repetía la que llevaba la voz cantante, "y cerrad los postigos, por Dios", añadía. El tintineo de los rosarios, los lutos eternos, los pañuelos a la cabeza, el sudor de julio, todo aquello conjurado y conjugado para alejar a la tormenta -o al Maligno- se me antojaba como algo tan tenebroso que debieron pasar muchos años para racionalizarlo y entenderlo como lo que era, un fenómeno natural no exento de mayúsculo espectáculo. Cuando la tormenta rompía en lluvia, y sin daños, su final era apoteósico: a las ancianas se las veía trinfantes no se sabe de qué batalla, los perros dejaban de ladrar y el gallo de mi abuela -que era abstemio-
agitaba incesante las alas por cada uno de sus quiquiriquíes. Sólo quedaba el olor a tormenta que, como junto al olor a jara, son tesoros gratis que anidan en nuestra sierra.
Nuestra sierra, que con nadie se ha metido, ha sufrido -entre otros- dos grandes atentados en la segunda mitad del siglo XX: uno, el descuaje y otro -el peor- le recepción de resíduos radiactivos.
Ya mañana, -que hoy me ha tocado viajar y trabajar- intentaré contar algún recuerdo del "DESCUAJE".
Buenas noches a todos,
Cuántas veces la he mirado de pequeño como a un gran enemigo dormido en la lejanía y cuyo despertar tormentoso me sobrecogía. Al primer retumbo, las ancianas comenzaban sus rezos con el Trisagio invocando a la Santísima Trinidad: "Santo, Santo, Santo......."; y con el estridente relámpago, preludio inminente de otro trueno, sus plegarias se aceleraban y ascendían de tono hasta una especie de cántico susurrado que me helaba el alma de chiquillo: "Poned los pies en la tarima", repetía la que llevaba la voz cantante, "y cerrad los postigos, por Dios", añadía. El tintineo de los rosarios, los lutos eternos, los pañuelos a la cabeza, el sudor de julio, todo aquello conjurado y conjugado para alejar a la tormenta -o al Maligno- se me antojaba como algo tan tenebroso que debieron pasar muchos años para racionalizarlo y entenderlo como lo que era, un fenómeno natural no exento de mayúsculo espectáculo. Cuando la tormenta rompía en lluvia, y sin daños, su final era apoteósico: a las ancianas se las veía trinfantes no se sabe de qué batalla, los perros dejaban de ladrar y el gallo de mi abuela -que era abstemio-
agitaba incesante las alas por cada uno de sus quiquiriquíes. Sólo quedaba el olor a tormenta que, como junto al olor a jara, son tesoros gratis que anidan en nuestra sierra.
Nuestra sierra, que con nadie se ha metido, ha sufrido -entre otros- dos grandes atentados en la segunda mitad del siglo XX: uno, el descuaje y otro -el peor- le recepción de resíduos radiactivos.
Ya mañana, -que hoy me ha tocado viajar y trabajar- intentaré contar algún recuerdo del "DESCUAJE".
Buenas noches a todos,
que, junto al olor a jara,.....
Bueno, esto era una escusa para decirle a JMLA que, más pronto que tarde, le enviaremos gambonitos. Y las navidades por aquí como siempre, tocino y veta: nostalgia por los ausentes y alegría desbordante por los pequeñines.
Saludos,
Bueno, esto era una escusa para decirle a JMLA que, más pronto que tarde, le enviaremos gambonitos. Y las navidades por aquí como siempre, tocino y veta: nostalgia por los ausentes y alegría desbordante por los pequeñines.
Saludos,