Esta abulia y esta espesura que me embarga no me permite escribir Na. También me cuesta leer, acabo de terminar un libro -frívolo, insustancial e infame- que me ha empachado el espíritu. Esta galbana, más propia del calor que del frío, me ha puesto en blanco. Y no estoy dispuesto a curarla con el mando de la televisión, prefiero el ratón del portátil, Pepe, aunque ayer me robara el cabronazo una hora larga de trabajo.
La abulia, que a algunos los sumerge en un auténtico nirvana, a mí me deja ineficiente, KAO, (¿o cao?). A veces pienso hasta en rezar el rosario, a ver si me vuelve la fe perdida. Cuando éramos mucho, muchísimo, más jóvenes estas minicrisis de voluntad lo solventábamos pecando. Pero, joder, si de pecar tengo menos ganas que de escribir, tampoco me sale nada. Y es que ahora los pecados no son lo que eran: sin sentimiento de culpa, sin perdón y sin penitencia, casi no valen la pena. Yo recuerdo haberle dicho a don Francisco, en confesión,: "Padre, he pecado", y a él responderme: ¡Guarro! Hoy, si se lo cuento a un sicólogo me llamaría gilipollas. En fin, que esta noche no me sale nada. Es verdad, contar cosas del pueblo es inagotable pero no quiero empachar, a ver si aburrido yo voy y aburro al personal, eso nunca.
Si alguno de vosotros tenéis mi número de teléfono y me llamáis, saltará el buzón y dirá que no estoy disponible: y es verdad, pero no porque esté abúlico (que también) sino porque el teléfono está out: lo he perdido y es como si hubiera perdido un órgano vital, estoy un tanto capado. Mira por donde tengo ya un filón para escribir.
Hasta luego.
(Espero que mi empresa me dote de un nuevo teléfono con el mismo número).
... (ver texto completo)