LA HABA: Sea lo primero un recuerdo entreñable para mi amigo...

Sea lo primero un recuerdo entreñable para mi amigo que fue Joaquín Gallardo "Cagatinta", allá donde esté, que fue un hombre bueno, simpático..., y jabeño hasta el tuétano. Si algo digo aquí que pueda herir a alguien será por mi torpeza en contar las cosas pues, antes al contrario, con estas humildes palabras lo que pretendo es mantenerle vivo en nuestra memoria.

Joaquín, antes que nada, era el sobrino de don Fernando el cura. (Párroco de Sta. Eulalia de Mérida y Capellán Castrense del Parque de Transmisiones Grupo Logístico XXI, también con sede en Mérida). Por razones que yo desconozco, pero entendibles, sus padres (Juan "El Cartero" y la Pepa "Trabilla") confiaron a su tío la educación de su primogénito, y así, toda su formación la hizo en buenos colegios y siempre fuera de La Haba.

Siempre fuera, excepción hecha de un curso que estuvo en la escuela de D. Santiago (la de los mayorcitos). Un curso del que no sé si llevó buen recuerdo, pero de allí se llevó su mote, del que se sentía orgulloso. El mote surgió de la siguiente manera:

Él estaba sentado en un pupitre con un compañero, creo que se llamaba y se llama Ramón; todas las mesas tenían dos tinteros y dos plumas, pero -por lo visto- uno de los tinteros no tenía tinta y tanto Ramón como Joaquín se enzarzaron en una "riña" para hacerse con el que estaba lleno. En esto que Ramón, en el forcejeo, dio un manotazo y toda la tinta cayó en la cara de Joaquín: se le llenaron los ojos y la boca de tinta (azul por supuesto) para gozo y alboroto de toda la clase. La palmeta veteada de don Santiago puso fin al jolgorio, y ya con todos en silencio Joaquín dijo "don Santiago, ¿puedo ir al retrete? Y se fue. Poco después, cuando estábamos todos ya a lo nuestro, entra Joaquín desencajado diciendo: ¡Don Santiago, don Santiago, que cago tinta, que cago tinta...! Y con CAGATINTA se quedó.

Un beso muy fuerte para su mujer y su hijo.