LA HABA: Es curioso que hayáis suscitado el tema de aquellas...

Es curioso que hayáis suscitado el tema de aquellas escuelas infantiles, muy expresivamente llamada de "cagones", cuando a la par, y por razones personales, he visitado estancias o recintos de mayores muy mayores también cagones sin comillas. El círculo misterioso de la vida se cierra confundiéndose el principio con el final: imposibilidad de andar sin ayuda, poca visión, ingesta de alimentos si te lo facilitan, más llantos que risas, somnolencia constante, caca y pañal, pañal y caca, y el mundo girando en torno a uno sin ser consciente de ello. Sólo que, a pesar de tanto denominador común, entre el niño y el viejo hemos creado una diferencia abismal: mientras que a uno se le quiere y se le disfruta, al otro se le puede querer pero casi siempre se le padece. Pobres mayores, hoy ha sido el día internacional de la cosa y he observado cómo de segundo plato (en el lugar que yo estaba hoy al mediodía) les han puesto salchichas, ése recurso gastronómico facilón que en un momento dado te saca en casa de un apuro; porque freir salchichas es un acto que se perpetra por padecer "lázara", por prisas o por desdén. Pero quiero volver al pueblo.
En La Haba, creo recordar, había tres escuelas de cagones (hoy "Infantil de O a 3", que tiene guasa el titulillo): Caraciolo (calle Jardines), Breva (calle Jesús) y Tía Natalia (calle Iglesias). Antes de nada, debo reseñar aquí la inconmensurable labor social que casi altruistamente desarrollaron (¡ojo!) aquellas mujeres, incluída nuestra amiga Victoria, al resultar, efectivamente, que muchos/as y alumnos/as tuvieron que conformarse con ese único bagaje cultural para defenderse en los madriles y cataluñas que les esperaban en los años sesenta (los años en los que los ministros del OPUS, "los lópeces": López Rodó, López de Letona y López Bravo, fueron llamados por El Difunto con el fin de hacer ricas las tierras catalanas, vascas y madrileñas: ellos ponían sus cabezas para desarrollar un plan, y Extremadura ponía los brazos de aquellos niños ya crecidos, en cuyas cabezas sólo anidaba un tibio hervor cultural. Yo fui uno de ellos, y quizá vosotros también. Recuerdo a tía Natalia sentada en un gran sillón como una papisa; su báculo era una larguísima caña con la que alcanzaba la cabeza de todos nosotros; tenía un gran moño por mitra y, contradictoriamente, una larga saya negra era el alba que completaba su vestimenta. Nuestras sillitas eran todas de madera torneada, preciosas, con el asiento hecho de enea, mejor dicho de bayunco (ojo a la palabra, que se nos muere), con un boquete en el centro por el que, indistintamente, cagábamos o meábamos con toda la naturalidad del mundo. Siempre me pregunté si tía Natalia no tendría otro agujero, más grande, en su sillón para hacer lo mismo que todos nosotros; y muchos años después, he concluído en que sí, sí tenía un gran agujero porque era paralítica, y en dos años jamás la vi moverse de su asiento papal. Andrea nos ha dicho que conserva su sillita, debes guardarla que es un pequeño tesoro, casi seguro obra de aquellos buenos artesanos y mejores personas que fueron Antonio el Banquero y, su hijo, Antonio el Banquerillo. Guardo de todo aquello unos recuerdos gratos y entrañables, y quiero terminar esta noche declarando rotundamente que los métodos de enseñanza (en ésa franja de edad, claro está) han avanzado mucho en lo que a material didáctico y medios humanos se refiere, esto es en costes, pero no creo que hayan avanzado absolutamente nada en eficiencia pues el método antiguo era tan sano, tan natural: todo oral, se aprendía cantanado, a la sombra de una parra o de una higuera, era mixto, infundía respeto a la maestra, a los padres, a los mayores. En fin, yo no tengo de aquello ningún trauma; fui un nicho feliz educándome de aquella manera. Y cuando yo estaba de lo más feliz educándome, me entregaron, para darme cultura decían, a aquella escuela que por su didáctica no era precisamente un espacio para aprender felizmente.
Y ya lo dejo, porque me estoy durmiendo y empiezo a divagar sin ton ni son.
Buenas noches a todos. n