Hace ya mucho tiempo que no me encuentro una moneda o un billete por el suelo. En mi niñez, cuando esto ocurría, muy de tarde en tarde, mi regocijo era total: compraba mis chucherías preferidas, una caja de pastillas juanolas, un trozo de regaliz, una algarroba seca....; sólo pensaba en mi gozo. Más tarde, ya adolescente, alguna vez también me encontré algo. Un día me encontré un billete de veinte duros, de los que tenían un retrato de Falla, y casi me da un pasmo; como aquello era un capital, decidí cambiarlo por cuatro billetes de cinco duros, y uno de estos lo cambié a su vez por cuatro billetes de un duro, tres pesetas de papel, una rubia, dos realillos, cuatro perras gordas y dos perras chicas. Mintiendo, le dije a mi madre que me había encontrado los quince duros que le di, y el resto me lo fui gastando poco a poco en cigarrillos diana, peninsulares, incluso un bisonte rubio me compré. Ya tenía yo entonces sentido de culpa, y no creas que los pitillos me sentaban bien, cada bocanada de humo que expelía parece que adicionaba un pecado más. Tal era mi remordimiento, que decidí confesar. Y en mala hora, porque hubiera preferido un castigo carcelario a cumplir lo que aquel cura sentenció. Ya de mayor, un día sentado en un taburete en la caseta de Titi, miré al suelo y ví algo como un papel con un dibujo, en fin, cinco mil: " ¡estáis todos invitados a pinchitos!", dije, y nos reímos. Me hizo cosa pero nada comparable a la felicidad de cuando era chico. Y todo esto lo cuento ahora para confesaros una pedantería, si así lo queréis, pero de verdad, ahora, de verdad de verdad, lo que me hace ilusión es encontrarme una palabra hermosa, y este es el caso que esta noche me he encontrado la palabra BÁLAGO y estoy tan feliz como cuando chico me encontraba una moneda, además esta aunque la use no se gasta. Qué bien suena: ¡BÁLAGO!.
Buenas noches,
Buenas noches,