Ya habían tañido las campanas por dos veces (segundo repique) y, de las treinta y siete personas que había en la casa del novio, nadie sabía hacer el nudo a la corbata. "Enlaputahoraqueaentraoesteart efactoencasa", decía el novio que, entre la resaca y los zarandeos que le daban para rematar un nudo imposible, estaba a punto de echar la tostada con pringue que le habían puesto de desayuno (esta palabra nunca se empleaba entonces, era almuerzo). Al final desistieron, los persuadió una prima del novio que les aclaró que, aunque se casara sin corbata, el retratista le pintaba una al revelar los retratos sin incremento del precio acordado. Dicho y hecho, sin corbata y del brazo de su madre, el cortejo nupcial avanzó hacia la iglesia. ¡Estamos en el día de la boda!.
Luego sigo, que tengo un retortijón.
Luego sigo, que tengo un retortijón.