LA HABA: El lugar escogido por las asesinas para ejecutar su...

El lugar escogido por las asesinas para ejecutar su crimen fue la casa de la víctima. Tía Casimira, pobre de necesidad, habitaba una casa de lo más humilde pero perfectamente dispuesta para cubrir sus necesidades más perentorias, que eran dos: guarecerse y comerciar para vivir. La primera, la satisfaccía a duras penas pues los inviernos, también este en que la mataron, eran durísimos; la función segunda, la de vender, la llevaba mejor: el cuarterón de tabaco verde, la achicoria y el regaliz eran la base de su industria; y el beneficio obtenido por su venta le reportaba lo suficiente para comprar el poco pan, tocino, aceite y garbanzos que necesitaba para componer el menú diario que le servía de sustento. Vista desde fuera, la casa, ofrecía una fachada a la calle Cantarranas en la que estaba la puerta principal, por la que entraría la muerte; otra fachada perpendicular a la anterior configuraba una pequeña calleja, tenebrosa en invierno "por donde se pasearon sábanas blancas en las madrugadas negrísimas anteriores a la del crimen"; esta pared sólo disponía de una ventana en la parte adobladada, desde donde una de las asesinas atisbó el gentío que las delataría; y, por último, una tercera fachada daba al arroyo del Campo, afluente del río Ortiga; en ella, existía una puerta falsa por la que presumiblemente huirían las malignas, pero el destino quiso que por dentro la puerta estuviera tabicada (de puerta falsa a falsa puerta) para que ELLAS quedasen atrapadas en una primera cárcel de sonidos infernales: los gritos indescriptibles de la moribunda, los latidos desquiciados de sus propios corazones y los golpes desesperados para derribar la puerta que las separaba de su perdición.
Estamos en La Haba, y hoy, sesenta años después del crimen, quien quiera puede acercarse y mirarla. Sustancialmente se parece casi toda ella a la original, si bien ha pasado de ser vivienda a ser molino de piensos. Cuando pasó el terrible suceso que más adelante se contará, los herederos de la víctima vendieron rápidamente la casa. Una mujer vieja muy vieja, hace ya muchos años fallecida, me contó que tuvo un terrible sueño que describió así: "Yo soñé que estaba viviendo en ella como dueña y me encontraba muy sola, entonces decidí venderla a un joven matrimonio; la esposa, que acumulaba miedos que todavía me acompañan en vigilia, decía ver visiones cada vez que su niño se dormía; una noche en soledad que su marido no quiso o no pudo acompañarla, sintió sed y se dispuso a sacar un vaso de agua de la tinaja que Tía Casimira tenía en un rincón, la vasija estaba llena y la luz de una luna llenísima se reflejaba en la superficie haciendo de espejo: al tratar de introducir el vaso en el agua, en vez de ver su cara, creyó ver la cara de su niño pero con el cuerpo y las ropas de color marrón de la muerta, el hábito de San Antonio aparecía rodeando el cuello de la criatura. El grito de la madre, indescriptible, desgarrador, me despertó, y la vi arrodillada ante mí implorándome que quería salir de ese infierno"
Sueños aparte, está verificado que, efectivamente, la casa se vendió con muchas prisas y a muy bajo precio. Fue habitada por un matrimonio joven con un niño recien nacido. A los pocos meses, la esposa planteó con urgencia sus deseos de irse fuera de esa casa "porque tenía malos pensamientos". El marido accedió y la vendió rápidamente. Desde entonces, ha tenido tres dueños que la han empleado para el mismo fin: moler grano.

Mezcla de realidad y de ficción, aquí lo dejo por hoy.
Buenas noches a todos.