Pasa, te estaba esperando. Alguien tenía que poner de su parte algo para que esto no fuera un monólogo. Ya somos tres: Victoria, Yole y Leganés; y nos vamos a proponer (a trío) que terminaremos el año siendo treinta; treinta, ese es el reto.
Bueno, pues hablando de ése pueblo que te gusta, el pasado jueves, después de estar en Barcelona (concretamente en La Lliça D´Amunt) seguidamente viajé a La Haba, el contraste no es poco: de la zona más verde de Catalunya (donde la marca "Mango", primicia, va a instalar su sede mundial) pasé a una de las zonas más áridas de Extremadura (donde la fábrica de servilletas ASIMPO ha cerrado, con un ERE envenenado que ha dejado en la calle a los pocos que podían decir que tenían una nómina en el pueblo). No quiero con esto decir que haya viajado del cielo al infierno, porque la aridez del pueblo a mí se me antoja bellísima. El viernes por la tarde, sin ir más lejos, me dio por cavilar sobre el reencuentro del hombre y su tierra (natal para mí, o querida para ti YOLE). Y sentado en la zona del "altozano" observé sorprendido la cantidad de vida y belleza que adornaba una simple rastrojera que tenía enfrente: los gorriones y las palomas, buscando granos de trigo; las golondrinas, los vencejos y los murciélagos, ávidos de mosquitos; y hasta una cigüeña, que había olvidado algo para su nido, todos parecían de acuerdo en atrapar mi mirada y hacerme el final de la tarde de lo más ameno. Y lo consiguieron, vaya si lo consiguieron. Absorto me tuvieron hasta que el Sol les anunció con su ocaso que debían retornar a sus nidos.
Más tarde, el castillo de Magacela parecía encenderse, no por las luces artificiales adosadas a su exterior, era algo interior que lo hacía casi transparente, se tornó como a una especie de ascua, Victoria, como un yerro incandescente sacado de una fragua, era la Luna inmensa que como un vómito de fuego ascendía a los cielos de la cabezuela, quedando suspendida en el vacío como un inmenso globo que algún ilusionista hubiera soplado desde atrás del cerro.
Esto es sólo una brizna de lo mucho que pude observar y disfrutar hasta el domingo, todo ello relativo al espíritu. Pero,......., relativo al cuerpo, a mi ya preocupante obesidad, le añadí gazpacho de casa, chorizo de "Kiriqui", morcilla (insuperable) de Patricio, queso de Castuera, dulces de Vito,......, señor, mi alma volvió henchida de gozo, y mi cuerpo contrario a lo oblongo, esto es, igual de ancho que de largo: uno x uno x uno, esta es mi situación física.
Hasta la próxima pastilla.
Bueno, pues hablando de ése pueblo que te gusta, el pasado jueves, después de estar en Barcelona (concretamente en La Lliça D´Amunt) seguidamente viajé a La Haba, el contraste no es poco: de la zona más verde de Catalunya (donde la marca "Mango", primicia, va a instalar su sede mundial) pasé a una de las zonas más áridas de Extremadura (donde la fábrica de servilletas ASIMPO ha cerrado, con un ERE envenenado que ha dejado en la calle a los pocos que podían decir que tenían una nómina en el pueblo). No quiero con esto decir que haya viajado del cielo al infierno, porque la aridez del pueblo a mí se me antoja bellísima. El viernes por la tarde, sin ir más lejos, me dio por cavilar sobre el reencuentro del hombre y su tierra (natal para mí, o querida para ti YOLE). Y sentado en la zona del "altozano" observé sorprendido la cantidad de vida y belleza que adornaba una simple rastrojera que tenía enfrente: los gorriones y las palomas, buscando granos de trigo; las golondrinas, los vencejos y los murciélagos, ávidos de mosquitos; y hasta una cigüeña, que había olvidado algo para su nido, todos parecían de acuerdo en atrapar mi mirada y hacerme el final de la tarde de lo más ameno. Y lo consiguieron, vaya si lo consiguieron. Absorto me tuvieron hasta que el Sol les anunció con su ocaso que debían retornar a sus nidos.
Más tarde, el castillo de Magacela parecía encenderse, no por las luces artificiales adosadas a su exterior, era algo interior que lo hacía casi transparente, se tornó como a una especie de ascua, Victoria, como un yerro incandescente sacado de una fragua, era la Luna inmensa que como un vómito de fuego ascendía a los cielos de la cabezuela, quedando suspendida en el vacío como un inmenso globo que algún ilusionista hubiera soplado desde atrás del cerro.
Esto es sólo una brizna de lo mucho que pude observar y disfrutar hasta el domingo, todo ello relativo al espíritu. Pero,......., relativo al cuerpo, a mi ya preocupante obesidad, le añadí gazpacho de casa, chorizo de "Kiriqui", morcilla (insuperable) de Patricio, queso de Castuera, dulces de Vito,......, señor, mi alma volvió henchida de gozo, y mi cuerpo contrario a lo oblongo, esto es, igual de ancho que de largo: uno x uno x uno, esta es mi situación física.
Hasta la próxima pastilla.