LA HABA: Hace ya mucho tiempo, en la noche de San Juan (23 de...

Hace ya mucho tiempo, en la noche de San Juan (23 de junio) y en la puerta principal de la iglesia, se disponía una gran cantidad de leña seca que, colocada en forma circular, daba cuerpo a una gran parva semejante a los haces de la era. A media noche, después de misa, un guardia municipal (quizá, Gregorio) aparecía con un periódico (quizá ABC, que leía habitualmente Agustín "Cortecita") que iba prendiendo hoja a hoja en distintos puntos de la leña apilada, hasta formar una gran pira que vista desde la Plaza de arriba se me antojaba como un cono de fuego perfecto.
A la par, otro guardia municipal (quizá Alonsillo "el de la Eduarda") aplicaba la colilla del pitillo (quizá "caldo gallina") a dos o tres cohetes, no más, que ascendían a los cielos como rayos encendidos alborotando a cigüeñas y cigüeñinos domiciliados en las dos torres de la iglesia.
Después, cuando la llama perdía altura, el fuego parecía llamarnos a todos los muchachos y muchachas para jugar con él. El diámetro del fuego no era nada desdeñable, superaría los tres metros, y el más osado de los críos (quizá Joselillo "el de Baldomero") cogió carrerilla y se "voleó" de un salto limpio toda la "chosca". Todos los mirones nos pusimos a aplaudir, bajo la mirada siempre amenazante de un guardia civil (quizá Barrero) que velaba por la seguridad del alcalde de entonces (quizá Forcallo). Poco a poco la lumbre fue perdiendo fuerza, y ya fuimos más los muchachos que nos atrevimos a saltar el fuego. No puedo dejar de reseñar, para que quede constancia, que una muchacha también saltó (quizá fuera Paca "la Periquina").
Parecía que aquello daba a su fin, luego de retirarse las personas mayores, cuando desde uno de los rincones de la fachada de la iglesia alguien (quizá Paco el Cojo"el hijo del cabo babaza"), alzando la voz, ofertó un duro al que atravesara los rescoldos andando y descalzo. Y como un duro era un duro, un muchachillo (no recuerdo quien fue) muy delgado, casi esquelético, con paso decidido dejó la huella de sus pies en las ascuas.
Dicen las malas lenguas que la oferta del cojo, todo un duro, no era otra cosa que un grito enrabietado contra la poliomelitis que no le dejó andar. Y COLORIN COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO.