Aquellas
noches en las que el “gallego” decía que nones, cuando la calorina –ni siquiera de
noche- se apiadaba de nuestros cuerpos, en aquellos
veranos de entonces, antes de la invención de la ducha (por otra parte inútil por la inexistencia de tuberías), con la Popi más seca que el ojo de Millán Astray, qué calor hacía, Señor, qué calor.
Antes que llegara la nevera, antes de que apareciera la cerveza
Cruz Blanca, o el ventilador de Colomo, antes de todo eso nos teníamos que apañar con lo que
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