A las traseras de la Iglesia jabeña siempre las hemos llamado “El Paseo”, un nombre absolutamente inapropiado, pues, hasta donde la memoria me alcanza, jamás he visto pasear a nadie por ese raro espacio. Cuando yo era chico se especulaba con la titularidad de su propietario: que si el obispo, que si el ayuntamiento, que si doña fulana de tal y tal….., qué más da: los dueños verdaderos de El Paseo fueron los niños de mi generación; y sólo los niños,`porque -a falta de mejor lugar- este era el campo ... (ver texto completo)