Una vez ya contamos aquí cómo están desapareciendo los postigos, aquellas puertas pequeñas abiertas en otra mayor, que –entreabiertas- eran como una seña de identidad de la hospitalidad extremeña, una manera de decir desde la puerta principal: “estamos dentro, por si necesitáis algo”. Las puertas que daban al corral también solían tenerlo, y recuerdo cómo a veces, a través de él, asomaba su cabeza algún que otro burro o mula de los que entonces convivían con nosotros.
A eso vengo, “fanegas”, me ... (ver texto completo)
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