Allí vivo yo, en el cementerio, donde centellean los fuegos fátuos. Tengo llama para rato, no creas que estoy muerto, sólo un poco lejos, y mientras arda una chispa de vida en mi cuerpo machacaré tu conciencia con mi lengua-látigo, hasta que en Herrera no quede ni un hombre pre-enjuiciado.