Muchas son las voces, unas indignas, otras nobles, que vienen a herir el oído:
Que no te turben ni tampoco te vuelvas para no oírlas.
De los sufrimientos que caben a los mortales por divino designio, la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación; pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas; porque son tantas las desgracias que no caen sobre los hombres buenos.
Aprende a no comportarte sin razón jamás.
Compenétrate en cumplir los preceptos, pero atiende a dominar las necesidades de tu estómago y de tu sueño, después los arranques de tus apetitos y de tu ira.
Estas cosas hazlas en la medida de tus fuerzas, pues lo posible se encuentra junto a lo necesario.