El lugar escogido por las asesinas para ejecutar su crimen fue la
casa de la víctima. Tía Casimira, pobre de necesidad, habitaba una casa de lo más humilde pero perfectamente dispuesta para cubrir sus necesidades más perentorias, que eran dos: guarecerse y comerciar para vivir. La primera, la satisfaccía a duras penas pues los
inviernos, también este en que la mataron, eran durísimos; la función segunda, la de vender, la llevaba mejor: el cuarterón de tabaco verde, la achicoria y el regaliz eran
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