Durante el otoño, los labradores esparcían y enterraban los granos para hacer la sementera. En adelante todo dependía de la lluvia, de los vientos y de las heladas. Cuando la lluvia no llegaba, se hacían rogativas recorriendo las calles del pueblo.
Cuando al fin nos sorprendia la lluvia, se vivía un ambiente festivo impregnado del agradable olor a tierra mojada.
Los pastores cambiaban la "maja", los chozos-vivienda del matrimonio y de su prole-y las ovejas para que se alimentaran de las frescas y nutritivas hiervas otoñales y recogerse en los apriscos de redes de esparto. Estas merinas, procedentes del norte de África, llevan pastoreando y recorriendo La Serena desde la más remota antigüedad, siendo la escasez y la abundancia determinante para el ritmo de sus migraciones.
Cuando al fin nos sorprendia la lluvia, se vivía un ambiente festivo impregnado del agradable olor a tierra mojada.
Los pastores cambiaban la "maja", los chozos-vivienda del matrimonio y de su prole-y las ovejas para que se alimentaran de las frescas y nutritivas hiervas otoñales y recogerse en los apriscos de redes de esparto. Estas merinas, procedentes del norte de África, llevan pastoreando y recorriendo La Serena desde la más remota antigüedad, siendo la escasez y la abundancia determinante para el ritmo de sus migraciones.