Y soy yo mismo su violento impulso
al anegarme entre mi propia carne,
viviendo en ella defendido,
cómplice de mi ser que contra el tiempo me levanta
con su voraz sentir la vida dentro,
y me abandona a cóleras y miedos,
me hunde en témpanos de espadas,
cuando al mover sus
aguas con mis labios,
en lucha contra mi recuerdo,
frente a formas ajenas a mi imagen,
... (ver texto completo)