Recuerdo ayer la imagen de una mujer hermosa
—y yo, frente al cristal, su punto débil...—
y hoy la imagen de un hombre que la quería.
Grito:
no se ha hecho pedazos. Me ha dejado,
por mucho que mis ojos la proyecten.
Ni en el engaño cruje el vidrio.
Creo
que nos hemos amado en otro ámbito
y no nos conocemos en persona.
—y yo, frente al cristal, su punto débil...—
y hoy la imagen de un hombre que la quería.
Grito:
no se ha hecho pedazos. Me ha dejado,
por mucho que mis ojos la proyecten.
Ni en el engaño cruje el vidrio.
Creo
que nos hemos amado en otro ámbito
y no nos conocemos en persona.
Por fin, los dos materia de un espejo.
Pero...
—«Tú, ¿adónde miras?
¿Hacia ti, hacia mí?
¿Podremos vernos?»
Quizás nuestros latidos se reflejen
donde nosotros dos somos un cruce
y estamos enmarcados en el aire.
Pero...
—«Tú, ¿adónde miras?
¿Hacia ti, hacia mí?
¿Podremos vernos?»
Quizás nuestros latidos se reflejen
donde nosotros dos somos un cruce
y estamos enmarcados en el aire.