Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame (Oscar Wilde)
Si a un pueblo no le importa morir ¿de qué sirve amenazarlo con la muerte? (Lao Tse)
No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe (Platón)
Un envidioso es un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta (Victor Hugo)
Si a un pueblo no le importa morir ¿de qué sirve amenazarlo con la muerte? (Lao Tse)
Lo comprado al precio de muchos ruegos, es caro (Juan Luis Vives)
Un envidioso es un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta (Victor Hugo)
Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba (Diego de Saavedra)
Lo comprado al precio de muchos ruegos, es caro (Juan Luis Vives)
No me gusta la gente que nuna ha tropezado ni caído. Su virtud es sin vida y no vale mucho. La vida no les ha revelado su belleza (Boris Pasternak)
Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba (Diego de Saavedra)
Las visitas largas producen cumplidos breves (Proverbio chino)
No me gusta la gente que nuna ha tropezado ni caído. Su virtud es sin vida y no vale mucho. La vida no les ha revelado su belleza (Boris Pasternak)
Las visitas largas producen cumplidos breves (Proverbio chino)
El valor es como el amor: necesita una esperanza que lo alimente (Napoleón)
No hay que abolir la propiedad porque hoy es de pocos, es necesario abrir el camino para que muchos puedan adquirirla (Guiseppe Mazzini)
En medio del clamor de los aplausos el hombre inteligente cerrará los ojos, y con la mente pedirá a los que le aclaman ¡Perdón por haber vencido! (Gregorio Marañón)
El trabajo endulza la vida en todo tiempo; más no a todos les gustan los dulces (Richard Hugo)
No hay que abolir la propiedad porque hoy es de pocos, es necesario abrir el camino para que muchos puedan adquirirla (Guiseppe Mazzini)
El trabajo endulza la vida en todo tiempo; más no a todos les gustan los dulces (Richard Hugo)
Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos (Apuleyo)
No es la fuerza del brazo, ni la virtud de las armas, sino la fuerza del alma la que alcanza la victoria (Johann G. Fichte)
El hombre prefiere que se digan cien mentiras acerca de él, a que se divulgue una sola verdad que desee tener oculta (Samuel Johnson)
No es la fuerza del brazo, ni la virtud de las armas, sino la fuerza del alma la que alcanza la victoria (Johann G. Fichte)