La distancia no es cuanto nos separemos la, la distancia es si no volvemos
amor La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se toca, sólo se sienten en el corazón.
Justas son mis poesías, todas las hago pensando en ti y espero que algún día te acuerdes de mi.
La distancia no es cuanto nos separemos la, la distancia es si no volvemos
amor La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
Justas son mis poesías, todas las hago pensando en ti y espero que algún día te acuerdes de mi.
La que terminó odiando
hasta la fecundidad sin pausa de su vientre,
condenada a repetir en sus hijas y nietas,
como en un laberinto de espejos,
el mismo dédalo sangriento y angustioso
de su madre y su abuela,
y de las madres y las abuelas todas de su estirpe.

La que jamás se atreve a disentir en alta voz,
pero que va frenando los proyectos de su amor ... (ver texto completo)
La que se condenó al áspero infortunio,
la que fue tapiando las rutas a la dicha
con los cadáveres
de sus propias,
marchitas ilusiones.

La que gravita, aun hecha cruz de camposanto,
sobre su espalda con el peso muerto
de una sorda y oculta recriminación.
... (ver texto completo)
La que se condenó, por siempre y para siempre,
a no ser más que sombra y que silencio,
a girar sin resposo, ilusa luna,
en torno de un planeta indiferente.
La que vigila pasos y susurros
y vive carcomida de sospechas.

La que guardó su castidad preciosa
para el festín de la primera noche.
La que odió al que devoró las ilusiones ... (ver texto completo)
La que terminó odiando
hasta la fecundidad sin pausa de su vientre,
condenada a repetir en sus hijas y nietas,
como en un laberinto de espejos,
el mismo dédalo sangriento y angustioso
de su madre y su abuela,
y de las madres y las abuelas todas de su estirpe.

La que jamás se atreve a disentir en alta voz,
pero que va frenando los proyectos de su amor ... (ver texto completo)
Carmen González Huguet

La enemiga

La sierva.
Nunca amante, ni amada,
ni la amorosa compañera,
ni la amiga.

Nunca la igual, ... (ver texto completo)
La que se condenó, por siempre y para siempre,
a no ser más que sombra y que silencio,
a girar sin resposo, ilusa luna,
en torno de un planeta indiferente.
La que vigila pasos y susurros
y vive carcomida de sospechas.

La que guardó su castidad preciosa
para el festín de la primera noche.
La que odió al que devoró las ilusiones ... (ver texto completo)
Carmen González Huguet

La enemiga

La sierva.
Nunca amante, ni amada,
ni la amorosa compañera,
ni la amiga.

Nunca la igual, ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos; ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.
No hay animal con el que pueda compararme,
desnuda estoy como el ganso o el lirio,
no hay planta con la que pueda compararme,
quemada estoy, quemándome,
impaciente,
interminablemente.

¡Que me ayuden los asnos!
¡Que acudan a mi ayuda
los cerdos o las garzas,
los ruiseñores o las cañas de azúcar!
¡Nada puede ayudarme!
¡Vencida estoy por ti,
por ti fui por mí abandonada! ... (ver texto completo)
El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también, ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos;
mi saliva, un día intacta,
también te espera rendida, vencida, humillada,
doblada, hincada,
herida como el vapor,
como el vapor aislada,
ahogada en tu espera. ... (ver texto completo)
Carmen Boullosa

La salvaja (fragmento)

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas, ... (ver texto completo)
El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer... ... (ver texto completo)
Carmen Boullosa

La salvaja (fragmento)

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas, ... (ver texto completo)
Carmen Boullosa

Filo de luz

Filo de luz,
fruta abierta que a la noche
vuelves fuego
y que a la llama cambias en fresco sentido:
llego a buscar tu aliento:
más sedienta: ... (ver texto completo)
Tu cuerpo pulsado por sí mismo
es en mis oídos viento claro y fresco,
sonido límpido del cobre y del aliento:

eres tus labios rezumantes de lima,
eres tus ojos recubiertos de bruma,
eres tu mano fina ciñéndose cierva:

porque en ti anida el mar, eres su guía,
y de ti la más torpe raíz bebe su espina: ... (ver texto completo)
Carmen Boullosa

Filo de luz

Filo de luz,
fruta abierta que a la noche
vuelves fuego
y que a la llama cambias en fresco sentido:
llego a buscar tu aliento:
más sedienta: ... (ver texto completo)
Páginas de Ensueño

Me detengo sin pensar en las lejanías del otoño.
Quiero sentir que tiemblo estremecida de saber que me aguardas.
Quiero verter en estas páginas de ensueño mil poesías y arreboles juntos,
Quiero sentirte cerca, aún cuando estés lejos.
No... no podría decirte el mágico encanto que tus besos tienen...
Te imagino, endiablada melodía, signos de sol acrisolados,
brillantes de luna agigantados, laúdes que gimen cautivados...
Aunque no sepamos mañana que nos depare Dios, ... (ver texto completo)
Poesía de la Melancolía

Un libro, un cepillo de dientes y un zapato
Ni una cosa más tuya dejaste tras tu paso.
El comienzo fue repentino, el final también
Yo creía con inocencia que todo estaba bien
En lugar de tu silencio podrías haber hablado
Pero sólo quedé en mi castillo abandonado
Que juntos construímos, piedra por piedra
No sabía que regaba al cactus y a la hiedra ... (ver texto completo)