Los oficios del campo y, con ellos, el de la horticultura nunca han tenido buena fama. En general, son considerados ruines, villanos y despreciados, quizás porque con semejantes adjetivos se han calificado siempre a los campesinos. Y por injusta extensión, resulta que los productos del huerto también arrastran la mala prensa. Es conocido el dicho de "si quieres a tu marido muerto, cómprale un huerto", como son también comunes las insignificancias o los desprecios que destilan frases como "me importa
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Quizás todo ello se deba a la dureza del trabajo del campesino, algo insoportable para el señor y, por inalcanzable a sus fuerzas, despreciado de forma absoluta. Quizás también el propio hortelano, obligado a alimentarse de lo que le da la tierra, echaba en falta el vigor calorífico que proporcionaba la carne. Por lo que siendo esta vianda favorita del amo, el refranero la convierte en símbolo de riqueza, frente a la penalidad que representa la
hortaliza. Sin embargo, y aunque tarde, parece que el
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