Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga.

Homero
Os dejo, llega la hora de la cena y quiero salir esta noche a tomar un heladito en las terrazas de Alcalá, un abrazo para todos.
Un abrazo desde esta preciosa foto, ya me dirás de donde es, es preciosa.
aSI ES, por seo quiero deciros buenas noches, que este aparato se calienta, y me da rabia, se corte, besitosssssssssssss
Bueno bueno, Berta a todas nos pasa lo mismo, será cuestión de proponérnoslo el cambiar de cacharro. Un abrazo y diviértete, ya habrá acabado la romería.
A ver si es verdad que bajan las temperaturas, amenaza tormenta pero no acaba de formarse. Bonito soneto, un clásico Victoria aunque hay que leerlos varias veces estos antiguos es lo que tienen. Un abrazo y feliz noche.
Bonita "leyenda" y esta no fuera tantas veces realidad. Si rantos y tantos niños, no nacieran de cualquier manera y muriera desnutridos, sy sin habre aprendido tan siquiera a sonreír. ¿De quienes la culpa? te lo aclaran sobradamente moticias que se dan todos los días.! Ah la condición humana!
Saludos.
Hola Libertad, esta antigua leyenda se puede quedar solamente en una leyenda pero yo quiero ver similitudes con el mundo actual en el que vivimos, vivimos en estos momentos una época de vacas flaquísimas, ya vivimos los grandes momentos de lujo y despilfarros, el pelotazo, el ladrillazo, esos bancos dando dinero sin pedir cuentas a nadie y ahora sufrimos las consecuencias, solo un detalle, aquí nadie va a arrepentirse ni a pedir perdón por habernos gobernado tan desastrosamente. (Mariangels).
El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al "Arbol Sagrado" que fue su salvación y que ha partir de ese día les brinda pan y bebida que ellos reciben como un don.
Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos grandes sequías, el único alimento de los animales.
Leyenda recopilada por Leonor Lorda Perellón.
Bonita "leyenda" y esta no fuera tantas veces realidad. Si rantos y tantos niños, no nacieran de cualquier manera y muriera desnutridos, sy sin habre aprendido tan siquiera a sonreír. ¿De quienes la culpa? te lo aclaran sobradamente moticias que se dan todos los días.! Ah la condición humana!
Saludos.
Hola Juan no me canso de leerte es un placer, ya ley otras cosas tuyas todas bonitas, con su punto triste, la verdad que asi son los recuerdos,
Tu los plasmas de tal manera que una se mete en lo que cuentas
Te deseo una feliz tarde y como dice Noemi, sique escribiendo,
Un besooooooooooooooooooooooooooo
! Hola! Verás: no siempre era triste la soledad que se quedaba conmigo. Yo la buscaba a veces, en algún valle, en algún río. y otras en ese basurero que es el mundo cortaba alguna flor y compartía. No no son solo polvo en la memoria las muchas cosas vividas. ¿Que me falta por probar si creo haber probado todos los frutos, dulces o amargos de la vida? Digamos que no hay olvidos, e cosas bellas o menos bellas, y que las visito desde mi memoria-.
Hace mucho tiempo que me inicié solo en la larga calle ... (ver texto completo)
Volveré y os saludaré, hace mucho calor y una siesta no viene mal.
Cuando Urpila despertó, creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de la tierra en nada había variado y la visión había desaparecido.
Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño. Pero, recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó al "Arbol".
Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación como una esperanza de vida.
Cambió en un instante su estado ... (ver texto completo)
El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al "Arbol Sagrado" que fue su salvación y que ha partir de ese día les brinda pan y bebida que ellos reciben como un don.
Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos grandes sequías, el único alimento de los animales.
Leyenda recopilada por Leonor Lorda Perellón.
No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, arrepentido como tú misma de su ocio y desenfreno, retornará a su existencia anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacerá sobre la tierra que volverá a brindar sus frutos y su belleza.
Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que ha de regalarte este "Arbol", desde hoy sabrás. Que las coman tus hijos y los hijos de otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su sed. Tu humildad ... (ver texto completo)
Cuando Urpila despertó, creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de la tierra en nada había variado y la visión había desaparecido.
Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño. Pero, recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó al "Arbol".
Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación como una esperanza de vida.
Cambió en un instante su estado ... (ver texto completo)
Llegó a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenzó a implorar:
Pachamama,
Madre Tierra,
Kusiya... Kusiya...
Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y sacrificios.
Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas ramas secas parecían retorcerse en el espacio.
Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la cabeza y no tardó en quedarse profundamente ... (ver texto completo)
No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, arrepentido como tú misma de su ocio y desenfreno, retornará a su existencia anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacerá sobre la tierra que volverá a brindar sus frutos y su belleza.
Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que ha de regalarte este "Arbol", desde hoy sabrás. Que las coman tus hijos y los hijos de otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su sed. Tu humildad ... (ver texto completo)
Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación de los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían sus bocas resecas para pedir algo que comer. Los más débiles morían sin que nadie pudiera hacer algo por ellos.
El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada.
Era Urpila que, enloquecida ... (ver texto completo)
Llegó a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenzó a implorar:
Pachamama,
Madre Tierra,
Kusiya... Kusiya...
Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y sacrificios.
Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas ramas secas parecían retorcerse en el espacio.
Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la cabeza y no tardó en quedarse profundamente ... (ver texto completo)
Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los campos y a sembrarlos.
Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla, y así era imposible poner la semilla. La desolación y la miseria fueron soberanas de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus obligaciones con la vida.
Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira que esos ... (ver texto completo)
Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación de los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían sus bocas resecas para pedir algo que comer. Los más débiles morían sin que nadie pudiera hacer algo por ellos.
El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada.
Era Urpila que, enloquecida ... (ver texto completo)
Con el calor de sus rayos, que envió a la tierra como dardos de fuego, secó los ríos y lagunas, los lagos y vertientes y, como consecuencia, la tierra se endureció, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, los tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los árboles, resecos y polvorientos, parecían brazos retorcidos y sin vida.
En los géneros aún quedaban alimentos, y en los cántaros, chicha. ¿Qué importancia tenía, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y que el ... (ver texto completo)
Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los campos y a sembrarlos.
Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla, y así era imposible poner la semilla. La desolación y la miseria fueron soberanas de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus obligaciones con la vida.
Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira que esos ... (ver texto completo)