A María Magdalena:
Con un llanto sincero, congoja y sufrimiento,
la rosa más hermosa, María Magdalena,
y con el alma alada transida por la pena,
le has hablado al maestro de tu arrepentimiento.
De nadie ha sido nunca tu puro pensamiento,
los tonos de tu rostro recuerdan la azucena,
con
ríos de cariño de belleza serena
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