Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.
Los pensamientos de un viejo no tienen futuro, por lo general son tristes, y si no tristes, melancólicos.
La vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad de encontrar una diana.
Renunciar a uno mismo lleva al desprecio.
El amor no conviene a los perezosos, para existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos.
El amor no conviene a los perezosos, para existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos.
El carácter es mucho más apreciado en el mundo que la personalidad.
Es cómico, pero justamente la distracción es lo que nos permite llegar al centro de las cosas.
Es cómico, pero justamente la distracción es lo que nos permite llegar al centro de las cosas.
En la vida hace falta tener generosidad: cultivar el pequeño carácter propio sin ver nada más de lo que hay alrededor significa seguir respirando pero estar ya muerto.
El corazón es el centro del espíritu.
El corazón se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.
El corazón se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.
Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón. Se piensa entonces que quien hace caso al corazón se aproxima al mundo animal, a la falta de control, mientras que quien hace caso a la razón se acerca a las reflexiones más elevadas. ¿Y si no fuesen así las cosas, si fuese verdad exactamente lo contrario? ¿Y si ese exceso de razón fuese lo que deja desnutrida a la vida?
El hombre se parece cada vez más a una radio que solamente es capaz de sintonizar una franja de frecuencia. El uso excesivo de la mente produce más o menos el mismo efecto: de toda la realidad que nos rodea sólo logramos captar una parte restringida. Y en esa parte frecuentemente impera la confusión, porque está toda repleta de palabras, y las palabras, la mayor parte de las veces, en lugar de conducirnos a un sitio más amplio nos hacen dar vueltas como un tiovivo.
En el rostro está todo. Está tu historia, están tu padre, tu madre, tus abuelos y bisabuelos, tal vez incluso algún tío lejano del que ya nadie se acuerda.
Los recuerdos tristes dormitan largo tiempo en una de las innumerables cavernas de la memoria; se mantienen allí durante años, decenios, la vida entera. Después, un buen día vuelven a la superficie, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso y punzante como lo era aquel día de hace tantos años.