La humildad tiene dos polos: lo verdadero y lo bello.

Victor Hugo
La humildad es verdad, y la verdad es humildad.

Pío de Pietrelcina
Estoy convencido que la primera prueba de un gran hombre consiste en la humildad.

John Ruskin
Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande.

Rabindranath Tagore
Fusionarse en uno

Un matrimonio de recién casados mantenía fuertes discusiones, así que decidieron acudir al hombre sabio del lugar en busca de ayuda.

- La pareja perfecta es aquella en la que los dos se convierten en uno —dijo el sabio.

- De acuerdo —contestaron ambos al unísono—. Pero... ¿En cuál de los dos?
Martes, 29 de Mayo de 2012 00:02 Un cubano en el cielo

Un cubano que fue muy bueno en su vida terrenal se murió y, como era de esperar, se fue al cielo. Después de más de mil años disfrutando de la paz de la eternidad, un día se cansó y le pidió a Dios:

- Dios mío, quisiera que me permitieras conocer el infierno durante un fin de semana, para saber lo bien que estoy aquí en el cielo; después regresaré.

Dios, en su infinita bondad, le dijo:

- Si es tu voluntad, así sea.
... (ver texto completo)
Blancanieves, una princesa desconfiada

Había una vez una princesa, cuyo cutis era blanco y sus cabellos eran negros como azabache. Se llamaba Blancanieves. Su belleza enfurecía a su madrastra, quien ordenó a un cazador matarla. Éste estaba dispuesto a cumplir con el encargo de la reina pero Blancanieves, al darse cuenta de las intenciones del hombre, empezó a correr casi sin respiro.

Al fin, libre del acoso de su opresor, encontró una casita y entró. Todo era diminuto, la mesita, las camas; el desorden habitaba allí. De pronto oyó voces que provenían de afuera. Se asomó a la ventana y pudo distinguir siete hombrecitos con rostro gruñón; uno de ellos gritaba diciéndole al otro:

- Esta noche quiero comer lomo con nieve blanca.

Al escuchar esto la princesa se asustó y buscó una salida para poder huir, por suerte dio con una puerta que conducía directamente al bosque. Aceleró su paso, con tanta fuerza, que cayó desmayada. Al despertar, vio el rostro de la bruja mala, que no era otra que su madrastra, que la estaba hechizando convirtiéndola en un gusano. Ahora sí, todo parecía perdido para ella.

Una tarde un joven príncipe paseaba con su caballo blanco, se bajó del mismo para recoger frutos, y al notar la presencia del pequeño gusano, algo le llamó la atención; un collar de perlas le prendía del cuello. Lo tocó y de esa forma se rompió el hechizo de la bruja. Blancanieves regresó a su figura y hermosura. El príncipe, al ver a la muchacha, quedó enamorado y le ofreció casamiento; ella, sin embargo, desechó la propuesta y se alejó temerosa. Tomando el caballo blanco del príncipe, se perdió rápidamente.

El joven, furioso por la actitud de la princesa lanzó con rabia un grito:

- Maldita princesa, robó mi caballo. ... (ver texto completo)
Victoria, buenas noches, que poco dura lo bueno pero ya te he leido que vas a volver en agosto, besos
Entre mucho chupetero crece el sudor... poco apreciado por estos. En todo tiempo alimenta a los que no sudan.
Hay chupeteros parásitos que viven además del sudor de los demás de su sangre. Suelen ser ricos pero al final todos acaban mal con las vidas vacías y sin alicientes, sin el aliciente de la superación porque todo se lo han dado, qué pocos han creado algo útil y cuantos tienen el capital en paraisos fiscales, cuanto dinero negro hay escondido quien sabe donde y mientras nuestro país adolece y nuestra juventud emigra, no hay derecho, hipócritas.
Saludos, Libertad
Berta, Libertad, Victoria, que sois las/los que habéis participado hoy, os deseo una tarde muy feliz.
Me haría mucha ilusión que os hubiera gustado la información sobre una de mis flores favoritas
Apolo sostuvo a su moribundo amigo junto a su pecho, mientras sus lágrimas caían a borbotones sobre su pelo manchado de sangre. Jacinto murió y su alma voló al reino de Hades. El dios se agachó y susurró suavemente junto a la cabeza del joven muerto: "Siempre vivirás en mi corazón, hermoso Jacinto. Que tu recuerdo viva también entre los hombres". Y, a una orden de Apolo de la sangre de Jacinto brotó una flor roja a la que nosotros llamamos jacinto y en cuyos pétalos puede aún leerse "Ay", el sollozo ... (ver texto completo)
Así, la memoria de Jacinto pervivió entre la burguesía de Esparta, que honró a su hijo, a quien festejó durante tres días con las fiestas jacinteas. El primer día, lloraron su muerte y los dos últimos, celebraron su resurrección.
Horrorizado, Apolo corrió hacia su amigo, se inclinó sobre él, dejó reposar su cabeza sobre sus propias rodillas e intentó desesperadamente cortar el torrente de sangre que salía de la herida, pero todo fue en vano. Jacinto cada vez estaba más pálido y sus ojos, siempre tan vivos, perdieron su brillo mientras su cabeza caía hacia un lado, como si fuese una flor del campo que se marchitase bajo los rayos del sol de mediodía. Con el corazón destrozado, Apolo gritó: " ¡Te llevaron las garras de la muerte, ... (ver texto completo)
Apolo sostuvo a su moribundo amigo junto a su pecho, mientras sus lágrimas caían a borbotones sobre su pelo manchado de sangre. Jacinto murió y su alma voló al reino de Hades. El dios se agachó y susurró suavemente junto a la cabeza del joven muerto: "Siempre vivirás en mi corazón, hermoso Jacinto. Que tu recuerdo viva también entre los hombres". Y, a una orden de Apolo de la sangre de Jacinto brotó una flor roja a la que nosotros llamamos jacinto y en cuyos pétalos puede aún leerse "Ay", el sollozo ... (ver texto completo)
Jacinto corrió a cogerlo, tanta era la prisa que tenía por lanzarlo, para demostrar a Apolo que, por joven que fuera, no era menos diestro que el dios en este deporte. El disco cayó por fin a tierra pero era tanta la fuerza que llevaba que rebotó y golpeó violentamente a Jacinto en la cabeza. Este gimió dolorido y cayó al suelo. La sangre manó en grandes cantidades por su herida, tiñendo de profundo carmesí el oscuro cabello del hermoso joven.
Horrorizado, Apolo corrió hacia su amigo, se inclinó sobre él, dejó reposar su cabeza sobre sus propias rodillas e intentó desesperadamente cortar el torrente de sangre que salía de la herida, pero todo fue en vano. Jacinto cada vez estaba más pálido y sus ojos, siempre tan vivos, perdieron su brillo mientras su cabeza caía hacia un lado, como si fuese una flor del campo que se marchitase bajo los rayos del sol de mediodía. Con el corazón destrozado, Apolo gritó: " ¡Te llevaron las garras de la muerte, ... (ver texto completo)
Una vez, durante una calurosa tarde de verano, los amantes se desnudaron, se untaron con aceite de oliva y probaron suerte en el lanzamiento de disco, cada uno de ellos intentando superar al otro. El disco de bronce volaba cada vez más alto. Finalmente, reuniendo todas sus fuerzas, giró sobre sí mismo hasta que dejó libre el brillante disco, que se alzó rápidamente, cual pájaro, cortando en dos las nubes hasta que, brillando como si fuese una estrella, empezó a caer.
Jacinto corrió a cogerlo, tanta era la prisa que tenía por lanzarlo, para demostrar a Apolo que, por joven que fuera, no era menos diestro que el dios en este deporte. El disco cayó por fin a tierra pero era tanta la fuerza que llevaba que rebotó y golpeó violentamente a Jacinto en la cabeza. Este gimió dolorido y cayó al suelo. La sangre manó en grandes cantidades por su herida, tiñendo de profundo carmesí el oscuro cabello del hermoso joven.