Desde pequeño debí marcharme de casa, rodar tierra, correr mundo.
Llenarme los ojos de humo de estiércol;
Dejar que una querida me enseñara los secretos del sexo y me tatuara el cuerpo de aventuras.
Por 1950, debí irme a la india;
Bañarme desnudo como príncipe en 109 a. de c. y haber hecho
Un poema que me valiera un reino junto al mar rojo.
Calle dormilona olorosa a carretas y saltos de mula.
Los charcos, monedas de plata que no recoge nadie,
Y yo en medio,
Llenarme los ojos de humo de estiércol;
Dejar que una querida me enseñara los secretos del sexo y me tatuara el cuerpo de aventuras.
Por 1950, debí irme a la india;
Bañarme desnudo como príncipe en 109 a. de c. y haber hecho
Un poema que me valiera un reino junto al mar rojo.
Calle dormilona olorosa a carretas y saltos de mula.
Los charcos, monedas de plata que no recoge nadie,
Y yo en medio,
Con el mismo paso que han usado todos y la misma palabra
Gastada de tanto pasar de boca en boca
Como el pan dulce que duerme junto a las moscas y la vara española,
Asustándome de los caminos en cruz
Y rezándole a Miguel Arcángel para ser valiente con los dragones.
Yéndome todas las tardes a mirujearle el sexo a una sílfide
De mármol en el parque central;
Con un miedo terrible de que me roben los húngaros
Que hacen peroles negros y duermen en colchones de paja…
... (ver texto completo)
Gastada de tanto pasar de boca en boca
Como el pan dulce que duerme junto a las moscas y la vara española,
Asustándome de los caminos en cruz
Y rezándole a Miguel Arcángel para ser valiente con los dragones.
Yéndome todas las tardes a mirujearle el sexo a una sílfide
De mármol en el parque central;
Con un miedo terrible de que me roben los húngaros
Que hacen peroles negros y duermen en colchones de paja…
... (ver texto completo)