Ni contigo ni sin ti mis penas tienen remedio. Contigo porque me matas, sin ti porque me muero.
Ni la distancia podrá separarnos, porque tú estás aquí en cada recuerdo de nuestros días y yo me fui escondido en tu memoria.
Morir ya no me asusta, he visto el cielo en tí.
Ni contigo ni sin ti mis penas tienen remedio. Contigo porque me matas, sin ti porque me muero.
Mientras más me acerco, mas lejos me veo, y siento que jamás podré tenerte.
Morir ya no me asusta, he visto el cielo en tí.
Le quiero, no lo puedo evitar, cuando estoy con él es cuando me echo a temblar. En mi pasado tú siempre estarás y espero que en un futuro tú y yo podamos hablar.
Mientras más me acerco, mas lejos me veo, y siento que jamás podré tenerte.
Le quiero, no lo puedo evitar, cuando estoy con él es cuando me echo a temblar. En mi pasado tú siempre estarás y espero que en un futuro tú y yo podamos hablar.
La distancia no es cuanto nos separemos la, la distancia es si no volvemos
amor La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se toca, sólo se sienten en el corazón.
Justas son mis poesías, todas las hago pensando en ti y espero que algún día te acuerdes de mi.
La distancia no es cuanto nos separemos la, la distancia es si no volvemos
amor La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
Justas son mis poesías, todas las hago pensando en ti y espero que algún día te acuerdes de mi.
La que terminó odiando
hasta la fecundidad sin pausa de su vientre,
condenada a repetir en sus hijas y nietas,
como en un laberinto de espejos,
el mismo dédalo sangriento y angustioso
de su madre y su abuela,
y de las madres y las abuelas todas de su estirpe.

La que jamás se atreve a disentir en alta voz,
pero que va frenando los proyectos de su amor ... (ver texto completo)
La que se condenó al áspero infortunio,
la que fue tapiando las rutas a la dicha
con los cadáveres
de sus propias,
marchitas ilusiones.

La que gravita, aun hecha cruz de camposanto,
sobre su espalda con el peso muerto
de una sorda y oculta recriminación.
... (ver texto completo)
La que se condenó, por siempre y para siempre,
a no ser más que sombra y que silencio,
a girar sin resposo, ilusa luna,
en torno de un planeta indiferente.
La que vigila pasos y susurros
y vive carcomida de sospechas.

La que guardó su castidad preciosa
para el festín de la primera noche.
La que odió al que devoró las ilusiones ... (ver texto completo)
La que terminó odiando
hasta la fecundidad sin pausa de su vientre,
condenada a repetir en sus hijas y nietas,
como en un laberinto de espejos,
el mismo dédalo sangriento y angustioso
de su madre y su abuela,
y de las madres y las abuelas todas de su estirpe.

La que jamás se atreve a disentir en alta voz,
pero que va frenando los proyectos de su amor ... (ver texto completo)
Carmen González Huguet

La enemiga

La sierva.
Nunca amante, ni amada,
ni la amorosa compañera,
ni la amiga.

Nunca la igual, ... (ver texto completo)
La que se condenó, por siempre y para siempre,
a no ser más que sombra y que silencio,
a girar sin resposo, ilusa luna,
en torno de un planeta indiferente.
La que vigila pasos y susurros
y vive carcomida de sospechas.

La que guardó su castidad preciosa
para el festín de la primera noche.
La que odió al que devoró las ilusiones ... (ver texto completo)
Carmen González Huguet

La enemiga

La sierva.
Nunca amante, ni amada,
ni la amorosa compañera,
ni la amiga.

Nunca la igual, ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos; ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.
No hay animal con el que pueda compararme,
desnuda estoy como el ganso o el lirio,
no hay planta con la que pueda compararme,
quemada estoy, quemándome,
impaciente,
interminablemente.

¡Que me ayuden los asnos!
¡Que acudan a mi ayuda
los cerdos o las garzas,
los ruiseñores o las cañas de azúcar!
¡Nada puede ayudarme!
¡Vencida estoy por ti,
por ti fui por mí abandonada! ... (ver texto completo)
El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también, ... (ver texto completo)
Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos;
mi saliva, un día intacta,
también te espera rendida, vencida, humillada,
doblada, hincada,
herida como el vapor,
como el vapor aislada,
ahogada en tu espera. ... (ver texto completo)
Carmen Boullosa

La salvaja (fragmento)

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas, ... (ver texto completo)
El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer... ... (ver texto completo)