LAS SALINAS DE TORREVIEJA:
El agua avanza por el cauce abierto desde el mar,
una línea trazada por la mano del hombre, que cruza el pecho del tendido llano de Torrevieja y lleva vida hasta las Salinas.
No busca el río su vaivén incierto ni rompe el curso del relieve vano; camina firme, a paso soberano, hacia el destino de su flujo experto.
Muro de piedra, lecho de cemento, guían el viaje de la linfa pura que canta al ritmo de su propio viento.
Sacia la tierra, limpia la llanura, y en su correr de artificial acento, dibuja el hombre su mejor cordura hasta conseguir esa blancura de mineral llamada Sal.
El agua avanza por el cauce abierto desde el mar,
una línea trazada por la mano del hombre, que cruza el pecho del tendido llano de Torrevieja y lleva vida hasta las Salinas.
No busca el río su vaivén incierto ni rompe el curso del relieve vano; camina firme, a paso soberano, hacia el destino de su flujo experto.
Muro de piedra, lecho de cemento, guían el viaje de la linfa pura que canta al ritmo de su propio viento.
Sacia la tierra, limpia la llanura, y en su correr de artificial acento, dibuja el hombre su mejor cordura hasta conseguir esa blancura de mineral llamada Sal.