PUERTO DE
MAR
Aquí el ancla se aferra, pero el velamen pugna por volar;
aquí comienza el mar para el que está en tierra, pero aquí el mar termina, para el que está el mar.
Amo este puerto de hálitos salobres, con un gran muro que parece chico para el coloquio de los novios pobres y para los bostezos del matrimonio rico.
Y amo los botes lentos, de remo largo y corta travesía, con las maderas llenas de lamentos, donde viajan de
noche los amores de un día...
Y amo este puerto, abierto derechamente al mar, igual que un
río, que en su dormida paz está despierto, donde tantas veces el ciclón antillano frenaba sus embates, entre el súbito brillo de los peces y la esbelta blancura de los yates.