AL
AMANECER:
No éramos el aire
que compone el
cielo,
tampoco fuimos la tierra
donde crecíamos,
ni el
agua que daba la vida;
y el fuego que nos calentaba
se nos escapó de las manos.
No éramos.
Nunca pudimos serlo,
lo dejamos ir,
lo dejamos pasar,
dejamos de soñarlo.
Y entonces fuimos nada
y eso finalmente fue todo.