En los años 40 hubo en
cordovín un curioso
médico: Don Julio "el peruano".
Este buen señor, peruano de origen, además de apreciar la medicina sentía debilidad por el vino de cordovín. El sentido de la proporción no ló debía
tener muy desarrollado pues con se metro cuareta de estatura venía de
Badarán, donde vivía, montado en el
caballo más grande de la comarca; para
montarlo tenía que buscar ribazo o muro, para desmontarlo se tiraba al vacío.
Se casó con la mujer más alta de Badarán treinta
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