Gracias a todos los vecinos y vecinas, por hacer común el sentirnos de aquí a los que nos enganchamos a la maleta de los padres, y nos llenamos de ilusiones la vieja ropa y las cuatro pesetas de antaño. Gracias a los que hicieron grande un simple
pueblo pequeño, como
Hortaleza, pero lleno de nostalgia y apego a la tierra. Todos los que ahora son más de 200.000,
barrio del norte, suelo de cimientos de casitas, rascando en el terreno y llenas de alegría y no todo sobre las zonas residenciales, si no en cuesta, en aglomeración, en convivencia y en buscar el sitio. Amor por la paz y la cesto de la
compra llena y si no se cocina lo que sea, se comparte de lo otro poco y se muestra la patria chica, entre perras gordas y sacos de legumbres.
Nos vemos a la vuelta la
esquina, lleno de nostalgia y del sudor al aguacero, entre cada minuto de documental y la
estatua de la ninfa de terracota que se dejó alguien en un contenedor, para que acabe entre nosotros, del
museo donde entra y debería de no salir nunca, sin que antes no la vean los que sin ser de mitos ni leyendas quieran tocar y ver.
Serenidad y paz, gracias vecinos. Museo de Hortaleza.