La historia acaba en un museo de Austria
Tiber Hirshfield, propietario de un negocio de vehículos de alquiler, adquirió la limusina y la restauró. Aunque no sirvió de nada. Este modelo de coche era perfecto para una boda, pero la primera vez que fue utilizado con este fin, sufrió un accidente matando a Hirshfield, que fue su sexto y último dueño.
El Graef and Stift sobrevive a la guerra
Cuando estaban atándolo a un carro de bueyes para transportarlo al taller, el vehículo se puso en marcha de repente, atropelló a su dueño y cayó por un barranco.
Pocos días después murió en la carretera al volante de la limusina. Una de las historias más escalofriantes es la que protagonizó un rico terrateniente residente en Sarajevo. Un día, mientras paseaba feliz con su limusina, el Graef and Stift se quedó parado sin motivo aparente.
Tras pasar por un médico que decidió venderlo (al empezar a tener problemas económicos), el Graen and Stift fue adquirido por un corredor de apuestas que quería demostrar que al coche no le ocurría nada.
Más desgracias al volante del Graef and Stift
El tercero fue Simon Mantharides, un coleccionista de antigüedades. Aunque no perdió la vida al volante, se suicidó seis meses después por causas desconocidas.
Su siguiente dueño fue un médico yugoslavo, que falleció al volcar con la limusina.
Se trataba del Graef and Stift. Todos sus dueños sufrieron algún tipo de desgracia. El primero fue un oficial del Estado Mayor de Bosnia que, a la semana de tenerlo, se estrelló contra una tapia y murió.
Aunque parezca mentira, no es el único coche que tiene una historia maldita a sus espaldas. Una limusina fabricada en 1910, de color rojo, fue el escenario donde fueron asesinados los Archiduques de Austria, Francisco Fernando de Hasburgo y Sofía de Hohenberg, hecho que desencadenó la Primera Guerra Mundial.
Graef and Stift, una limusina maldita
Mientras era transportado a Nueva Orleans, el camión que lo llevaba fue alcanzado por un automóvil. El conductor del coche salió despedido y acabó enterrado bajo las ruedas del deportivo. Murió.
Como colofón final, el Porsche de James Dean acabó con la vida de una cuarta persona cuando sus dueños decidieron llevarlo al desguace y destruirlo.
El Porsche de cobró una cuarta vida