El
edificio, un
palacio construido a mediados del siglo XVI, pertenecía a doña Juana de Mendoza y Zúñiga que lo donó a la orden de las Dominicas en 1583 para que se convirtiera en un
monasterio.
La
portada principal es el elemento más interesante del edificio, pues aúna de forma singular las dos grandes
tradiciones constructivas que caracterizaron la
arquitectura monumental castellana de los años centrales del siglo XVI.
Las jambas,
columnas, medallones,
capiteles, angelotes o cariátides, nos hablan en un lenguaje renacentista, aunque en la obra destacan muy especialmente las fieras rampantes de
tradición gótica, que enlazan con la obra del palacio del Infantado,
casa principal de la
familia Mendoza a la que pertenecían sus propietarios.