Todavía estoy con el pegamento en la mano recomponiendo los pedazos y menos mal que no le dejaron poner (nada ofensivo, por supuesto) todo lo que daba de sí pero con lo que se intuía, faneca, cada vez que salgo a la
calle miro a los lados por si alguien me da susto.Las palabras no balean y, algunas, ni siquiera hieren.Es más, me permite no olvidar esta vuestra lengua a la que saco a pasear de tanto en tanto como hago con Rocardo.
El Tamboriler del Bruch.