Estas escalinatas salvan el desnivel entre la
calle de la Font hasta la
Plaza de Dalt Vila, donde se puede apreciar en el fondo la
casa Cal Sastre. Originalmente, este acceso no tenía escalones; sino una rampa empinada hecha con cantos rodados procedentes del
río Ter y que a mediados del siglo XIX fue sustituida por una
escalera de
piedra, que hace el ascenso más transitable.