Este
adorno de
cerámica vidriada en relieve con forma de
flor fue diseñado alrededor de 1905 por Lluís Domènech i Montaner como elemento decorativo para el Palau de la
Música Catalana. Para este arquitecto, la cerámica se convirtió en el soporte ideal para todo tipo de diseños y las piezas
cerámicas que se conservan en el
museo son muestras que Domènech aplicó en sus
edificios.