En la remodelación de la vivienda emprendida por el propio Lluís Domènech i Montaner entre 1918 y 1919, en la que colaboraron su hijo Pere Domènech i Roure y su yerno Francesc Guàrdia, el arquitecto diseñó una
escalera de caracol embellecida con contrahuellas
cerámicas que da acceso a la primera planta y que culminó con una gran caja de luz en la parte superior.