Este asunto, de por sí bochornoso, adquiere mayor morbo en la medida en que Eric Woerth es el encargado de conducir la dura reforma de las jubilaciones que castigará a millones de asalariados modestos. En un ambiente de fuertes tensiones sociales y de motines de desclasados en los guetos urbanos, el "caso Bettencourt" está reactivando el viejo litigio entre las élites y el pueblo común. "El clima de la sociedad,” constata el filósofo Marcel Gauchet, “se halla hoy impregnado de revuelta latente y de un sentimiento de distancia radical hacia el personal dirigente." (2)