“EL TíO PELOS TUERTOS”
Siendo niño me contaba frecuentemente mi padre un cuento, aprovechando las noches de verano, en que nos sentábamos al fresco charlando hasta entrada la madrugada contemplando las estrellas.
Con inocencia escuchaba a mi padre atentamente, pendiente de todo cuanto decía, que misteriosamente relataba estas historias,.
Se trataba de un hombre avaro, apodado “EL TíO PELOS TUERTOS”, al que mi padre situaba en MAYALDE, pero que yo no sé si verdaderamente existió, que tenía un huerto con una higuera junto al cementerio.
Los críos al pasar por allí le comían los higos, por lo que el desventurado hombre decidió montar guardia día y noche junto a la higuera.
De madrugada miraba receloso la pared del cementerio, viendo brillar los “FUEGOS FATUOS” que, en su imaginación, dibujaban extrañas figuras con las sombras de la noche.
Fue entonces cuando a los muchachos se les ocurrió aprovechar la oscuridad nocturna, para introducirse en el cementerio y desde el muro próximo a la higuera encendieron unas velas, canturreando con voz ronca la siguiente canción:
“ANTES CUANDO éRAMOS VIVOS
VENíAMOS A ESTE HUERTO A COMER HIGOS,
AHORA QUE YA ESTAMOS MUERTOS
VENIMOS EN BUSCA DEL TíO PELOS TUERTOS”.
Al escuchar este eco que provenía de las luces que brillaban en el Campo Santo, el desdichado huyó aterrorizado abandonando el preciado fruto, aprovechando entre risas los jóvenes para darse el festín..
Siendo niño me contaba frecuentemente mi padre un cuento, aprovechando las noches de verano, en que nos sentábamos al fresco charlando hasta entrada la madrugada contemplando las estrellas.
Con inocencia escuchaba a mi padre atentamente, pendiente de todo cuanto decía, que misteriosamente relataba estas historias,.
Se trataba de un hombre avaro, apodado “EL TíO PELOS TUERTOS”, al que mi padre situaba en MAYALDE, pero que yo no sé si verdaderamente existió, que tenía un huerto con una higuera junto al cementerio.
Los críos al pasar por allí le comían los higos, por lo que el desventurado hombre decidió montar guardia día y noche junto a la higuera.
De madrugada miraba receloso la pared del cementerio, viendo brillar los “FUEGOS FATUOS” que, en su imaginación, dibujaban extrañas figuras con las sombras de la noche.
Fue entonces cuando a los muchachos se les ocurrió aprovechar la oscuridad nocturna, para introducirse en el cementerio y desde el muro próximo a la higuera encendieron unas velas, canturreando con voz ronca la siguiente canción:
“ANTES CUANDO éRAMOS VIVOS
VENíAMOS A ESTE HUERTO A COMER HIGOS,
AHORA QUE YA ESTAMOS MUERTOS
VENIMOS EN BUSCA DEL TíO PELOS TUERTOS”.
Al escuchar este eco que provenía de las luces que brillaban en el Campo Santo, el desdichado huyó aterrorizado abandonando el preciado fruto, aprovechando entre risas los jóvenes para darse el festín..